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Lucía Madera del Río

Positiva-Mente

Saber decir NO.

 

 

El hecho de decir NO a cualquiera de las peticiones que se nos presentan cada día en nuestra vida cotidiana supone un esfuerzo importante para muchas personas en la actualidad.

 

¿Alguna vez dijiste sí, queriendo decir un no rotundo?

 

El poder quedar mal ante los demás, el que se le pueda juzgar de manera errónea o tener la necesidad imperiosa de evitar cualquier controversia con los demás son hechos que hacen de barrera o impedimento a la hora de poder poner nuestras prioridades y deseos por delante de las necesidades de los demás.

Hacer algo que realmente no se quiere hacer sólo por miedo a negarse nos hace replantearnos nuestra manera de comunicarnos, nuestro nivel de asertividad, nuestras prioridades y la seguridad que tenemos en nosotros mismos.

No hay que confundir la humildad o los favores con la presión, el chantaje y la obligación. La libertad de uno mismo debe permanecer intacta ante cualquier conducta o decisión.

Muchas veces nos hemos visto obligados o comprometidos a comportarnos de alguna manera determinada por miedo a las consecuencias de decir no y esto es lo que limita nuestra libertad y destruye el control que debemos tener sobre nuestros actos y sobre nuestra vida en general.

Actuar en base a nuestras propias convicciones es lo único que evitará sentimientos de culpa y rabia hacia nosotros mismos, por lo que hay que afrontar el hecho de que saber negarse a las peticiones de los demás no supone más que una decisión que hay que tomar para poder estar bien con uno mismo.

 

¿Cuáles son las características de este tipo de personas?

 

Cuando hablamos de personas incapaces de negarse a cualquier exigencia externa nos basamos en un perfil claro en el que se da un desequilibrio importante entre los propios deseos y los actos, es decir, no van de la mano el comportamiento con las propias necesidades, ya que este tipo de personas priorizan ante todo el agrado a los demás, dejando en un segundo plano sus propios deseos.

El problema de este perfil es que a largo plazo este tipo de motivación errónea que le impulsa a realizar conductas indeseadas conlleva a muchos problemas de control, autoestima y seguridad en uno mismo, además de la sensación continua de hacer cosas que van en contra de sus propias ideas y la frustración que eso produce.

Hay que diferenciar este perfil de aquel que decide libremente ayudar al prójimo, no por razones de miedo e inseguridad sino porque ello le hace sentir profundamente satisfecho con sus actos y sus decisiones, en el caso que tratamos no existe tal felicidad ni coherencia entre deseo y conducta, ya que ellos viven estas situaciones como un sacrificio que genera una enorme insatisfacción vital. 

 

¿Cómo decir NO?

 

En primer lugar hay que preguntarse y replantearse qué es lo que nosotros realmente deseamos hacer; hay que tomarse un tiempo en reflexionar si eso que nos piden o nos plantean es algo que deseamos nosotros mismos y si supone para nosotros una prioridad.

Como siempre, abogo por la afirmación de que el protagonista de tu vida eres tú, tú tomas la decisión, tú evalúas y tienes la última palabra de todo lo que a ti te atañe.

Por supuesto podemos llegar a un punto en común con la otra persona, negociar hasta que a los dos os compense la situación, así, evitamos cualquier desequilibrio en la relación, una relación en donde nadie ejerce el control sobre nadie, por lo que los dos a largo plazo saldréis beneficiados al tener una relación sana, sin presiones ni exigencias.

Si no se llega a un punto en común, no sólo debemos saber decir que no, sino también debemos aprender a decirlo de una manera empática, siendo honestos con nosotros mismos pero también con la otra persona y, por supuesto sin perder la educación ni la amabilidad en ningún momento.

Esto supone un tiempo de trabajo, hay que ponerlo en marcha practicando diferentes maneras hasta llegar a la más acertada y eficiente. 

 

Saber decir NO es algo necesario, no debe tener como consecuencia ningún sentimiento de culpa o remordimiento, no debe hacerse creando discusiones ni enfados; debe ser algo natural y comprensible; para ello hay que entender el NO de los demás y saber explicar los propios. 

 

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Sobre el autor

Lucía Madera del Río (@lmadelrio) es psicóloga y terapeuta de conducta emeritense especializada en temas de salud mental y nutricional. También es la ideóloga del proyecto Positiva-Mente, basado en la psicología positiva.


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