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El negocio del “Te quiero”
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José María Fdez Chavero | 23-10-2016 | 18:47

El poder del amor

El buen negocio, según los expertos en economía, es aquel que requiere poca inversión para iniciar y mantener la actividad, sus gastos son escasos y sus ganancias son abundantes y rápidas de obtener. Este negocio del que hablo en estos tristes y penosos momentos de una crisis despótica no necesita materia prima, ni naves de almacén, ni maquinarias ni mucho personal. Todos podemos acceder a él y la actividad empresarial se realiza tanto en casa, como en la calle o en el supermercado, en cualquier lugar en el que haya un ser humano por el que sintamos verdadero aprecio.

Lo primero que debemos hacer es preguntarnos por cuánto tiempo ha pasado desde la última vez que dijimos te quiero a una de esas personas y nos encontraremos posiblemente con una gran variedad de respuestas, según sean las circunstancias de cada uno. Si tenemos hijos pequeños habrán transcurrido unos segundos o escasos minutos desde la última vez, si se trata de hijos que hayan superado la barrera de la pubertad el número de veces disminuye para casi desaparecer en la juventud, y en el caso de la pareja todo dependerá del número de años que tenga la relación. A más años de la misma, menos veces se dice te quiero y mayor es el intervalo entre uno y otro.

Si nos referimos a los padres y ya hemos superado la edad de los diez años tendremos como respuesta, con un tanto por ciento cercano al cien, los años resultantes de restar a los que ahora tenemos los diez mencionados. Así, alguien con treinta años puede llevar veinte sin expresar con palabras sus sentimientos a las personas que están a su lado, en las alegrías y penas, risas y llantos, desvelos y satisfacciones, cuidados en la enfermedad. Esas personas son las que le dieron la vida y siguen dispuestos a hacerlo en cualquier momento y lugar desde la gratuidad del que ama.

En el caso de los hermanos sucede lo mismo. Es llamativo que tardemos tanto en expresar nuestros sentimientos a esos con los que compartimos padres y abuelos, juegos y alguna que otra pelea, cumpleaños y habitaciones, ropas y confidencias, navidades y funerales… Más difícil puede resultar con un amigo, aunque sea de esos que conocen nuestras más secretas intimidades y flaquezas, si bien los nuevos tiempos de tolerancia han suprimido algunos de los pudores.

Un te quiero no solo ayuda y engrandece a quien lo expresa, sino que hace sentirse bien y sube la autoestima de quien lo escucha. Un te quiero cambia la dinámica de la conversación que se va transformando en discusión, ayuda a aceptar las pobrezas propias y del otro, empuja a luchar, a sobreponerse y a afrontar las dificultades. Varios te quiero consuelan al que sufre, tranquiliza al inquieto, alienta al que no llega a la meta y anima al triste.

La inversión que se necesita efectuar es cero, el gasto es muy reducido y las ganancias se cuentan en plurales, en sonrisas, abrazos, agradecimientos, favores e incluso sorpresas agradables. Este es el negocio de toda la vida, el que hoy mismo animo a comenzar y al que abuelos, padres, hijos, hermanos, parejas y algunos amigos estamos invitados. Habrá que superar ciertas vergüenzas y absurdos pudores, como el que tiene el que firma estas líneas, pero es tanto lo que se gana que merece la pena unos segundos de cierto sonrojo que disminuye a medida que se repiten.

La solidaridad, la tolerancia y la justicia son valores imprescindibles para lograr una sociedad mejor para todos. Somos ciudadanos del mundo con el derecho a vivir y a ser respetado. Este blog quiere ser lugar de encuentro entre la Psicología y la Vida de todos los que lo deseen. Es posible hacer un mundo más justo.