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Un mundo nuevo
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José María Fdez Chavero | 05-04-2017 | 15:33

“Quiero un mundo nuevo, mi corazón no lo compra el dinero, quiero palmas que acompañen a mi alma… Resurrección”.

Los aficionados a la música moderna reconocerán esta breve estrofa de una hermosa canción del grupo Amaral. Con pocas palabras transmiten muchas ideas e ilusiones, como el querer un mundo nuevo, ese con el que soñamos muchos de nosotros cuando estamos despiertos y que desaparece cuando nos quedamos dormidos (misterios de los sueños). Un mundo en el que el corazón, sentimientos y afectos, no se someta a los valores de un mundo dominado por la fama y el figurar, por la fuerza y la agresividad, por el dinero que compra verdades y vende mentiras, con el afán de tener cada día más aunque sea a costa de los que van teniendo menos.

El Ser por encima del Tener. Es el sabor de las cosas bien hechas, es el mundo del disfrute de la vida, de la contemplación de lo bello, de la solidaridad con la persona que sufre, del apoyo al débil y al que no tiene las mismas capacidades ni oportunidades. Es el mundo en el que se enseña al que no sabe, se le da pan al hambriento y agua al sediento, en el que el hombre forma piña con sus circunstancias, en el que se reconoce el esfuerzo individual y colectivo aunque no se haya alcanzado la meta (como diría nuestro gran Picaso, “no sé si algún día me llegará la inspiración, pero si me llega seguro que me encontrará trabajando).

Un mundo en el que el toque de las palmas, tan usadas en nuestra querida España, acompañan al amor que comparte deseos, a las miradas que coinciden en el tiempo, al dolor del que ha partido para inmortalizarse en una vida futura y en el recuerdo de los que le quisieron y compartieron vida.

El mundo en el que se escucha al que no tiene voz y se guía al que no ve, ya sea por problemas físicos o porque no quiere ver, en el que se deja nacer al que lo pide con su crecimiento silencioso e indefenso, en el que se anima al que lo pasa mal y se encuentra desesperado porque perdió el trabajo o la salud o el sentido de la vida.

Y que ello acompañe a mi alma, a mi mismidad, a mi realidad más profunda de persona que desea seguir madurando y creciendo en sabiduría, en amor, en entrega a los demás y al que ha hecho posible todo esto y que nosotros conocemos con el nombre de Dios y que otros le denominan de otras formas.

Termina esta magnífica canción con la palabra clave de ese mundo nuevo, Resurrección, palabra con la que nos hemos criado y crecido la mayoría de nosotros. Es la palabra con la que decimos adiós al mundo antiguo y perecedero, al de la calamidad y soledad, al mundo de la oscuridad y de la muerte, de la viudedad y de la orfandad, al de la esclavitud de la droga y del vicio para dar la bienvenida al mundo de la esperanza y de la gloria, al mundo soñado y que nos ayuda a ir superando nuestros propios límites.

La solidaridad, la tolerancia y la justicia son valores imprescindibles para lograr una sociedad mejor para todos. Somos ciudadanos del mundo con el derecho a vivir y a ser respetado. Este blog quiere ser lugar de encuentro entre la Psicología y la Vida de todos los que lo deseen. Es posible hacer un mundo más justo.