PASABA POR LA TIENDA DESAHUCIADA y veía cómo la mugre y la indolencia empañaban el escaparate, el toldo era una lengua deshilachada y los gamberros vandalizaban el cierre con firmas de aerosol garabateadas sólo para dejar constancia de que cualquiera podía profanar al moribundo. Aquel comercio