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La mina y el saqueo de la materia prima

DECÍA Roosevelt que un hombre sin estudios es posible que robe en un vagón de mercancías, pero si tiene una educación universitaria puede que robe el tren entero. Ahora diríamos que más que la titulación académica, lo determinante para calcular las probabilidades de robo es la cercanía al poder. Al poder corrupto, claro está. Basta pensar en la industrialización del latrocinio que lleva soportando Cataluña desde hace décadas o en los pertinaces casos de corrupción que avergüenzan al conjunto de España.
Con ser indecorosas, la ratería del pillo al menudeo o la sisa del pícaro resultan llevaderas; lo intragable es cuando se llevan el tren entero y encima intentan justificarlo. Pretender la impunidad agigantando la dimensión del agujero. Cuanto más grande, más protección. El viejo adagio: si el sujeto debe mil euros tiene un problema, pero si consigue catapultar la deuda a cien millones, el problema lo tiene el banco o la entidad a la que haya ordeñado.
En nuestros días, los robos históricos, los atracos descomunales de guante blanco no los han protagonizado los corruptos de este o aquel partido, que también, sino el sistema financiero mundial que juega siempre en casa y nunca pierde, pues de vislumbrarse por el horizonte «riesgo sistémico» se blinda con la amenaza de la crisis global y enseguida exige que los peones acudan al rescate… Y ya puede imaginarse quiénes son los peones en esta partida.
Sin embargo, a ese peligro invisible del sistema financiero globalizado le ha salido una competencia complementaria que trabaja de manera más sutil y efectiva. Me refiero a las redes sociales y más concretamente al mercadeo en torno a ellas, pues como declaraba ayer Antonio Muñoz Molina, «las redes sociales debían ser un arma de libertad y sirven para que Rusia intervenga donde y como quiera; para que regalemos nuestra información más íntima y se enriquezcan comerciando con ella Google, Amazon o Facebook», empresas que son «monopolios y armas perfectas para los manipuladores como Trump y Putin. Mandan más», añade Muñoz Molina «que muchos gobiernos y no dejan de acumular poder y dinero».
Facilitarles datos a las empresas y plataformas tecnológicas es la manera más directa de contribuir a su enriquecimiento. Ya no tienen que molestarse en meter la mano en su bolsillo, es usted mismo, como usuario de las redes sociales quien les facilita directamente la tarea. Usted, es decir, sus tendencias, sus actividades, sus aspiraciones, su modelo de consumo… es lo que les interesa y con lo que van a comerciar. En este singular negocio usted es el ‘esclavo’ y a la vez la ‘materia prima’. Un producto, en realidad la ‘mina de datos’ que les suministra gratuitamente y ellos obtienen a través de sus terminales para que las grandes plataformas sigan girando la rueda del negocio y le proporcionen a su vez las sugerencias de lo que debe hacer (leer, pensar, consumir…) y al mismo tiempo les permita crearles nuevas necesidades… Y tan contento, porque en su inocencia bondadosa se dice a sí mismo: «¿Qué más da, yo no tengo nada que ocultar?».

Juan Domingo Fernández

Sobre el autor

Blog personal del periodista Juan Domingo Fernández


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