Hoy no me apetece nada salir a correr.
La verdad es que llevo unos días desanimado, desganado y lo último que me apetece es calzarme las zapatillas y cambiarme de ropa, prefiero sentarme y hacer cualquier otra cosa.Me he levantado a las 6:30 de la mañana, y a las 8:00 estaba en el trabajo. Un día duro en la oficina, papeles y papeles, teléfono y ordenador. Apenas he parado a tomar un café a media mañana.
Según el plan de entreno, debería hacer Fartlek.
Para que os hagáis una idea, un fartlek consiste en correr alternando distancias o tiempos con ritmos variados. Por ejemplo, hoy me tocaba lo siguiente:
2km de calentamiento+3km-rf+1km-rm+2km-rf+1km-rm+1km-rf+1krm+1km-rf+2km-rm
Rm= ritmo medio
Rf=ritmo fuerte.
La explicación del entreno es sencilla, calentar 2km, después 3km a ritmo fuerte, luego 1 km ritmo suave…. Y así hasta el final. Un poco más complicado sería saber tus ritmos, los conocerás con el tiempo. De momento corre por sensaciones, que sepas que puedes aguantar tales distancias al ritmo que marques. Cuidado con el rm que nos puede jugar malas pasadas.
Es un tipo de entreno exigente, y acabas con las piernas a tope, pero notas una mejora.
Un Fartlek consiste en hacer varios ejercicios, tanto aeróbicos como anaeróbicos, caracterizados por cambios de ritmo, proviene del sueco y significa “juego con la velocidad”. Fue desarrollado por el entrenador Gösta Holmér (1891-1893). Hay ocho tipos de fartlek: –Fartlek para media maratón. -Fartlek por sensaciones. -Fartlek por terrenos. -Fartlek por pulsaciones. -Fartlek por velocidad. -Fartlek especial. -Fartlek en grupo. -Street fartlek.
Cuando tienes un tipo de entreno como este, y sobre todo, si lo tienes visto o pensado desde primera hora de la mañana, es fácil que estés dándole vueltas a la cabeza y buscar una excusa para no hacerlo, porque realmente es agotador.
Definitivamente tenía pensado no salir hoy a entrenar, dejarlo para otra ocasión sería la actitud más cobarde, lo admito, pero sólo de pensar en esos 3km fuertes… me da una pereza inmensurable.
Por otro lado tengo ese pensamiento que me ronda la cabeza puntualmente y me dice que “venga, hay que hacerlo, verás luego qué bien te sientes”.
Eran las 20h de la tarde cuando llegué del trabajo. Agotado, desanimado, y con la duda de ¿qué hacer? Sigo buscando excusas firmes, no me vale simplemente el “no me apetece sufrir”. Pero no las encuentro.
Entro en la habitación, y sobre la cama están los pantalones cortos y la camiseta. Debajo, en el suelo las zapatillas, perfectamente colocadas. Todo como si estuvieran listos para salir a competir. Sólo faltaba el dorsal, superpuesto en el pecho de la camiseta, esperando los imperdibles que lo sujeten.
Agarro la camiseta, y definitivamente me la pongo. Mientras, sigo buscando una excusa para no salir. Me pongo los pantalones cortos, y las zapatillas, pero sigo haciendo tiempo mientras preparo una botella de agua lentamente, a ver si acaso…
Pero ya va siendo tarde, estoy saliendo a la calle, memorizo el entreno, enciendo el reloj, me coloco los cascos y elijo un álbum de Def Con Dos para llevar algo fuerte. Ya está todo preparado.
Empiezo a calentar. Esto ya me va entrando, la música de fondo, un directo en Madrid, me va animando, ya quedan unos 200m para empezar la fiesta, serán 3km a ritmo fuerte, 50m, 20m, 5, 4, 3, 2, 1… a apretar. El gps empieza a marcar un ritmo más vivo, y enseguida lo coloco a 4’10, ahí está bien, a ver cuánto lo aguanto. Y van cayendo los metros. Las sensaciones son buenas.
¿Por qué habría estado pensando en no entrenar hoy?
Si estoy genial, voy aguantando este ritmo casi sin problemas, creo, incluso que podría apretar más, pero queda mucho entreno. Llego al km a ritmo medio y me he dado cuenta que el siguiente a ritmo fuerte me va a pillar en una cuesta. ¿Quién dijo miedo? A por ella!!! De nuevo vuelvo a encontrarme bien, y estoy subiendo a 4’20, voy como una moto!!!!
¿Por qué habría estado pensando en no entrenar hoy?
Después de 12 km empiezo de nuevo los 2 últimos a ritmo medio/suave para soltar piernas, y cuando llego a casa y reviso los datos del gps, veo que he estado rodando “suave” a 4’45. Esto casi no me lo creo… pero me ha dado un golpe de moral tremendo.
Hay ocasiones en las que cuando peor pensamos que estamos, cuando menos ganas tenemos de entrenar, sacamos, no sé de dónde, ese punto que nos empuja a correr. No es sólo, ya, que hayas salvado el día con un entreno de calidad, es la sensación que se te queda en el cuerpo y en la mente. Darte cuenta de lo que puedes hacer, de estás mejor de lo que piensas, la fuerza mental y el impulso para ir a por el siguiente día. Mañana me tocarán 20km, y me muero de ganas de que lleguen. Y si me encuentro sin ganas, recordaré el día de hoy, y veré que si ayer pude, hoy también.
Supera ese punto de pereza, de apatía, cálzate las zapatillas sin pensarlo, y sal a comerte el asfalto, o las pistas o el parque, cuando llegues a casa, te darás cuenta por qué.