Retomo este blog, pausado por las inclemencias de la vida, y lo hago con una propuesta insólita en la que hay gastronomía, emprendimiento y gentes de todas las leches: Quiero presentarles al LOBBY DEL ARROZ CON LIEBRE, una banda que empezó con cuatro calabazones (quiero decir de Don Benito) pero que se extendió desde el comienzo a otros extremeños, todos muy viajados y con muchos tiros pegados, para fundar algo que todavía no sabemos bien lo que es.
Una logia no debe ser, porque no es muy secreta. Una secta tampoco, porque doctrinas hay más de una. Un partido, imposible con tantos colores. La verdad es que, desde el principio, nuestra vocación era de lobby.
Aprovechando las muchas muecas que tenían nuestros revólveres queríamos ser lobbistas. O sea, utilizar experiencia, relaciones, y conocimiento, para promover o participar en proyectos o actividades en esta santa tierra, de la que más de la mitad de nosotros tuvimos que salir un día corriendo y ahora nos reencontramos con los que han sabido o podido permanecer en ella.
Pero ¿cómo se monta un Lobby, que de verdad sea un grupo de presión? Lo primero que vino a nuestra mente es que no debe hacerse sin un buen arroz con liebre. Don Antonio Chavero, impenitente viajero por los cinco continentes del globo terráqueo con las frutas a cuesta de las Vegas del Guadiana, tenía muy claro que no había visto en ningún lugar del mundo algo comparable al arroz con liebre que hacía un amigo suyo y empleado de su empresa, Ventura, al que Dios le de larga vida.
Así que, en Valdivia, hace casi tres años, nacía este lobby extremeño y universal, alrededor de una perola que movía montañas, y que nos dejaba a todos claro que para emprender hay que estar bien comido y bien bebido, por lo menos.
Después de aquella masacre pasamos a sentar las bases de la criatura que estaba naciendo. Nada de estatutos, ni programas, ni planes… si no queríamos que esto se convirtiera en una república de las que no nos gustan a los republicanos. Aquello empezó con presentaciones y confesiones (los efluvios ayudan bastante a descargarse) de lo que cada uno había hecho, hacía, o podría llegar a hacer.
A partir de ahí se inicia una historia de encuentros (algún que otro desencuentro también, como en las mejores familias), siempre presididos por una buena comida de fondo (caldereta, migas, mantanza del guarro, arroz con liebre, cabrito, tasajo, etc.), acompañados de otras viandas, vinos y licores que cada uno va requisando de donde puede.
A este Club de Amigos pertenecen, Tomás, Pedro, Pablo, Antonio Ch., Antonio G., Remedios, Joaquín, Miguel, Juan Carlos, Juan P., Jacinto, José, Eusebio, Manuel, Manolo, Vicente, y el que suscribe, Juan Serna, servidores todos de ustedes, que como en “Los Siete Magníficos” (aquí somos catorce), cada uno tiene una especialidad; el que no maneja el revólver es bueno con el lazo, y qué les voy a decir del de la carabina o el del cuchillo…
El azar ha querido que en este “grupo salvaje” y a la vez civilizado se cultiven artes tan nobles como la crianza del ibérico y toda su chacinería; el cultivo de la vid y la crianza de las razas ganaderas autóctonas; el estudio de los quesos y las pequeñas producciones artesanas y las frutas más variadas, incluidas hasta las de “cuarta gama”; la gerencia de empresas que van desde el perfume y el agroturismo, hasta el sector inmobiliario y las infraestructura; la gran distribución alimentaria y la pequeña artesanía; la docencia, y no me tiro un farol si les digo que tenemos también a lo más granado del mundo de las nuevas tecnologías y la seguridad informática.
Con todo este equipo creo que somos “algo más que un club”, del que forzosamente tienen que salir proyectos y actividades de vanguardia, en medio de una sinfonía gastronómica y cultural que me propongo irles relatando, a medida que vamos recorriendo los lugares y rincones extremeños más insólitos, en los que el emprendimiento tiene que ir acompañado siempre del humor, la cultura, los buenos guisos, y la amistad por encima de todo.
Desde el día en que sellamos este pacto de sangre ante ese histórico arroz con liebre, hasta el último evento de hace unos días en Badajoz, con visita guiada magistral a la ciudad, de la mano maestra de Don Antonio G. Salas, y la inolvidable caldereta de cabrito guisada por Don Pedro Parejo (no sabíamos que los cerebros de El Corte Inglés además sabían hacer calderetas), de la que aún no nos hemos repuesto, me propongo irles contando las andanzas de este “Lobby del Arroz con Liebre”, (LOABRE para los amigos), de las que no sabemos qué es lo que saldrá, pero sí estamos seguros de que donde hay buena música y buenos alimentos no existe el mal.
También tengo que decirles que hasta hoy no ha habido reunión o encuentro en el que don Tomás, pionero y genio de los ingenieros informáticos de todo el planeta, no nos haya recitado el poema de “El Embargo”, o nos haya cantado una versión de “Granada” que para sí quisiera el mismísimo Mario Lanza.
Presentados quedan pues los hermanos cofrades y ya me dirán ustedes si con estos mimbres no tiene que salir un buen cesto. Quedan emplazados a próximas entregas de este blog en las que lo lúdico y lo profesional, lo exquisito y lo popular, lo profesional a escala grande o pequeña, y la seriedad con la comicidad se darán la mano para emprender y divertirse, recorriendo una tierra a la que queremos en sus grandezas y en sus desgracias.