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Israel J. Espino

Extremadura Secreta

El Duende Mamón

Ilustración: Borja González Hoyos/

Si las duendas castúas roen castañas y mueren pronto, y los bebés duendines sanan chupando los dedos de los pies humanos,  hay sin embargo algunos duendes extremeños que son como eternos adolescentes asilvestrados: solo piensan en mamar y en comer. Y lo malo es que lo hacen en tu casa.

 Del Duende Jampón ya hablaremos otro día, que hoy le toca (y nunca mejor dicho) el turno a El Duende Mamón, que expandía sus revolucionadas hormonas por el pueblecito cacereño de Ahigal, y que según nos cuenta el investigador Jose María Domínguez Moreno, tenía sus reales por “la calle Graná”, cerca del Huerto del Cura.

 Al parecer, era el okupa invisible de la casa, en la que vivía un matrimonio y  sus cuatro hijos. Cuando los niños eran pequeños su madre, como es habitual, colocaba la cuna junto a su cama, para poder darles el pecho por la noche sin demasiado esfuerzo.

El Duende Mamón se acurrucaba al lado de la madre y, sin que ésta despertase del todo, le desabrochaba la blusa para mamarle. Cuentan que a veces incluso le tocaba el culo a la pobre mujer, pero como la señora pensaba que era su marido, ni se inmutaba.

Hasta que una noche la mujer se dio cuenta de que, aunque tenía una boca mamando de sus pechos, otra boca lloraba en la cuna. Alargó la mano y, efectivamente, en la cuna estaba su hijo. La sorpresa hizo que la madre diera un respingo, momento que aprovechó el duende para poner tierra por medio.

... y antes de salir por la puerta el duende se volvió hacia ella (Jimber)

… y antes de salir por la puerta el duende se volvió hacia ella (Jimber)

 

Y aún cuentan que el enanito lujurioso, antes de salir por la puerta, se volvió hacia atrás y exclamó:

 

–       ¡Qué bien cuando te estabas quieta,

que te agarraba el culo y te lambía las tetas!

 

Afirma Domínguez Moreno que está seguro de que esto mismo que acabo de contar también debió pasar en otras casas del pueblo, aunque “es difícil saberlo, porque las víctimas no van a ir contando que en determinados momentos fueron biberones de los duendes”.

 Animamos desde aquí a nuestras lectoras a vencer el pudor y reconocer si han sido víctimas del lujurioso enanito, más que nada para que las demás sepamos por qué pueblo anda trasteando ahora el Duende Mamón. Por precaución, ya saben…

 

 

Leyendas y creencias de una tierra mágica

Sobre el autor

Periodista especializada en antropología. Entre dioses y monstruos www.lavueltaalmundoen80mitos.com www.extremadurasecreta.com


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