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Israel J. Espino

Extremadura Secreta

La Caragontía de Montánchez

El beso de la hechicera o El caballero y la sirena 1890/
Templo de la verdad es el que admiras
No desoigas la voz del que te advierte
Que todo es ilusión, menos la muerte”

 

Con estas inquietantes palabras nos recibe el  cementerio de Montánchez, recién elegido el mejor camposanto de España, un tranquilo y bello lugar encastrado en lo alto de un pueblo que sabe a jamón y huele a  sierra.

Si alzamos la vista desde las bellas tumbas del cementerio descubriremos otros de los atractivos de Montánchez: su castillo, cuya conquista afirma el pueblo y la leyenda que se debe a una serpiente, que muestra a los cristianos el camino que han de seguir para llegar al corazón de la fortaleza defendida por los almohades.

 

Cementerio y castillo de Montánchez (Extremadura secreta)

Cuenta la leyenda recogida por el historiador Jose María  Domínguez Moreno que estando un sábado acampados junto a la fuente del Trampal, una enorme serpiente con la cabeza cubierta por una mata de pelo atravesó por medio de las mesnadas cristianas, sembrando el pánico entre los caballos.

Los caballeros siguieron su rastro entre espesos y altos matorrales,  y no tardaron en dar con su guarida. Era ésta un amplio túnel que comunicaba directamente con el castillo, y fue por este pasadizo por el que penetraría un grupo de los más aguerridos cristianos para tomar la fortificación.

Sorprendentemente no encontraron rastro ni nunca supieron de la fabulosa culebra peluda que los había guiado hacia la victoria, pero cuenta la leyenda que se trataba de una núbil princesa mora que, cual Melusina, cada domingo tomaba forma de serpiente, aunque conservando su cabeza humana, y por el recóndito pasadizo bajaba hasta la fuente del Trampal a peinarse los dorados cabellos.

Al considerarla culpable de la derrota, su padre, el caíd, maldijo a la princesa mora y la arrojó al aljibe, donde desde aquel fatídico día vive transformada en serpiente bajo las galerías  del castillo.

Sólo durante la noche de San Juan recobra su forma de mujer y se la ve pasear sobre las almenas portando en una mano una vela encendida y en la otra un libro, en el que escribe maldiciendo o bendiciendo los campos de toda la comarca.

El castillo de Montánchez (Extremadura secreta)

Otros paisanos, como Aurelio Jimenez, nos confirmaban la ubicación exacta de los dos pasadizos secretos que salen del castillo: uno llega hasta el pueblo y otro hasta la derruida ermita de Santo Domingo. Aurelio nos contaba también el nombre que recibe la princesa: La Moracantana, y también su peligro, ya que como el aljibe al que la arrojó su padre comunica con los pozos del pueblo, las niñas no pueden asomarse a los brocales  en la Noche de San Juan, porque  esa noche La Moracantana recupera sus poderes y, convertida en serpiente, se las lleva al fondo con ella.

La ermita de Santo Domingo, donde desemboca el túnel del castillo (Extremadura Secreta)

Ya tenemos a la agarena maldita de Montánchez como prima de la Mansaborá cacereña e hija de las Moracantanas de los pozos. Pero nos queda una semejanza todavía  más importante y resbaladiza…

Las serpientes, como animales asociados a las fuerzas telúricas de la tierra, los mundos subterráneos o  los ciclos de renovación y  de fertilidad, se han vinculado  a la figura de la mujer en la mitología  de muchas culturas a lo largo de la historia, entre ellas la extremeña. Lo recordarán porque ya hemos hablado de esas raras culebras que mamaban de nuestras mujeres.

Y qué mejor forma de unificar a la mujer con la serpiente que fundiéndolas en una sola. Surge así el mito de Lamia, reina de Libia que, según la tradición griega,  concibió  hijos con el propio Zeus.  Pero la celosa Hera, esposa del dios, los asesinó y transformó a la amante de su marido en un monstruo condenado a no poder cerrar los ojos y tener que mantener siempre viva la visión de sus hijos muertos. Zeus le permitió extraérselos  y volvérselos a poner,  para que así pudiera descansar algunos momentos. Lamia, por desesperación y venganza, raptaba a los niños de otras madres, para luego terminar con sus vidas. Tenía el rostro de una bella mujer y el cuerpo de serpiente.

Y es en esta figura de la Lamia  donde encontramos los paralelismos más significativos de la figura serpentiforme de Montánchez, a la que me atrevo incluso a poner nombre: la Caragontía.

Pero… ¿Quién es esta Caragontía? Publio Hurtado menciona a este ser en 1902, recogiendo la exclamación que lanzaba este ser maldito:

Yo soy la Caragontía

Que ando de noche y de día

Y el que me oyere cantar

Cerca tiene su agonía”,

Y nada más se sabe de ella. Ni qué era, ni quién era, ni donde vivía…

Me atrevo, pues,  a aventurar que tal vez esta Caragontía fuese la princesa mora encantada del castillo de Montánchez, basándome en las muchas similitudes existentes  (incluido el nombre) entre esta última y la “Tragantía” del castillo de Cazorla, en Jaen, tanto que parecen hermanas.

La leyenda jienense nos cuenta que, ante el inexorable avance de las tropas cristianas, el rey moro del castillo de la Yedra encerró a su bella hija en una cavidad secreta oculta en los cimientos de la fortaleza, tapiando con una gran losa  la entrada,  con la intención de rescatarla cuando las tropas cristianas se hubieran marchado.

El mismo rey se refugió  con su tropa en la cercana sierra que rodea al pueblo. Sin embargo las tropas cristianas alcanzaron al monarca y a su séquito,  dando muerte a todos ellos y ocupando la población de Cazorla.

La princesa,  aprisionada en la cavidad, ignorada por todos, bebía el agua que goteaba al filtrarse entre la tierra, y comía los insectos que buscaban refugio en el subsuelo. La incapacidad de moverse en aquel reducido espacio, y la viscosidad de las húmedas paredes, propiciaron que sus extremidades inferiores se fueran uniendo y adquiriendo forma alargada y redondeada, con escamas como los reptiles. Mientras se producía la metamorfosis se escuchaban terroríficos lamentos, que atemorizaban a los nuevos moradores del castillo y a todos los habitantes de Cazorla, rasgando el silencio de las noches.

Cuentan que desde entonces, solo puede salir, como la nuestra, en las noches de San Juan, en las que se puede oír su amenazante lamento. Porque si la de Montánchez canta, la de Cazorla también:

 

Yo soy la Tragantía
 Hija del rey moro
Y el que me oiga cantar
No verá la luz del día
Ni la noche de San Juan”.

 

Entrada al Cementerio de Montánchez (Extremadura Secreta)

Así que ya saben, si quieren acercarse a conocer el cementerio más bonito de España, procuren no hacerlo en la noche mágica de San Juan. Y si no les queda más remedio, cuando escuchen un silbido reptiliano tápense los oídos, antes de que la pobre y desdichada lamia comience con su canto.

Hagan caso a las palabras del cementerio y “no desoigan la voz del que le advierte”… La voz silbante y agónica de la Caragontía.

 

 

Leyendas y creencias de una tierra mágica

Sobre el autor

Periodista especializada en antropología. Entre dioses y monstruos www.lavueltaalmundoen80mitos.com www.extremadurasecreta.com


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