Hubo un tiempo, no muy lejano, en el que en la ermita cacereña de San Benito se curaban mudos, cojos y mancos, se realizaban teletransportaciones de continente a continente y se sacaba a los demonios de los cuerpos de pequeñas niñas que aullaban poseídas y hablaban con voces infernales. La ermita se yergue ahora escondida […]