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Manuel Pecellín

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HOMBRES MOJADOS

Según la jerga hampona y carcelaria, un “mojado” es alguien a quien, culpable ya por homicidio, poco le importa reincidir en conductas delictivas. El que está empapado de agua, no le teme a la lluvia, pues poco se agravará con ella su situación. Ni le importa caer en bajeza alguna aquel que ya ha perdido el honor. Eso produce una falta total de escrúpulos, que puede convertir a tales personas en sujetos
extraordinariamente eficaces y peligrosos dentro del mundo de la delincuencia organizada.
Así es uno de los personajes creados por Juan Madrid (Málaga, 1947) en su última novela, cuyo trasfondo son las actividades de la ´Nndrangeta, organización mafiosa nacida en Calabria, región pobre y periférica de los poderes centrales, durante la dominación española de
Sicilia y Nápoles en la baja edad media. Acaso la más antigua y temible de todas las existentes (Cosa Nostra, Camorra, Sacra Corona Unita), con notable implantación en España, habría sido la máxima responsable durante los últimos decenios del tráfico internacional de
narcóticos, cuyas inmensas ganancias blanquearía sobre todo en construcciones, “el ladrillo”. Su bien engrasado funcionamiento se debería de modo muy especial al silencio cómplice de propios y
extraños, la estricta moralidad que en sus vidas públicas exige dicha organización a todos los miembros (también cuenta con mujeres, como las que aparecen en la novela) y la implacable venganza contra
los infractores del código. Sin duda, el escalofriante mecanismo puesto en pie por la ´Ndrangeta (voz procedente del griego arcaico, que significa “hombre de honor”), no habría sido posible sin la existencia de paraísos fiscales, jueces y políticos corruptos, la
colaboración de la banca en el lavado de dinero e incluso la pluma venal de escritores más o menos famosos. La actual crisis de la economía europea, más aún la española, estará intrínsecamente
condicionada por avatares de este tipo.
Es el mundo donde se desenvuelven los protagonistas de la obra, con un abogado madrileño, Liberto Ruano, como principal figura. En torno a él, mujeriego y un punto romántico, se organiza la compleja trama, por mor de unos CD´s acusatorios, en la que se verán envueltos
expresidiarios, banqueros, constructores, prostitutas,
liquidadores, drogadictos y, naturalmente, hombres y mujeres de la -honorable sociedad. Ninguno tan atractivo como Aurelio Pescador, el calabrés a la postre estrechamente vinculado a Liberto. También el
socio de este último, Feiman, un muy inteligente argentino antiguo miembro vinculado a la guerrilla de su país, por lo que sufrió cárcel y tortura, paradigma hoy de la honradez, pero en definitiva otro “mojado”, aporta sus dosis de suspense.
Porque, según ocurre con toda novela negra que se precie, en Los
hombres mojados no temen la lluvia nada es según podría parecer al principio. El autor irá manejando hábilmente las claves del relato hasta el no previsible final. Maestro del género, gran creador de
caracteres, Madrid se maneja en una prosa limpia y sobresale de modo muy especial en la construcción de los diálogos, con los que construye la mayor parte del texto. Resulta difícil interrumpir la lectura.
“Los escritores de novela negra en España somos tan pocos, que Juan Madrid es uno de los dos”, decía con su retranca tópica Manuel Vázquez Montalbán. Algunos más podrían añadirse (por ejemplo, el del admirado
Eugenio Fuentes). Pero, fallecido el charnego-catalán, sin duda el gran clásico vivo es el malagueño.

Juan Madrid, Los hombres mojados no temen la lluvia. Madrid, Alianza Editorial, 2013

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