Medio millar de páginas tiene este número 8 de la Revista de Teología y Humanidades que cada año edita la archidiócesis Mérida-Badajoz. Recogen una amplia docena de artículos pertenecientes a las secciones de teología, pastoral, catequética, patrimonio cultural, filosofía, música, arqueología, historia y recuperación bibliográfica.
Abre con un amplio estudio de Luis García Iglesias, tan documentado y original como todos los suyos. El excatedrático de Autónoma madrileña y académico de la R. de Extremadura, ofrece una aproximación a la Cristología que Ignacio de Loyola desarrollara en sus famosos Ejercicios Espirituales. Pero quizá lo más interesante (y discutible) del extenso artículo sea la digresión que, como apéndice, el sabio estudioso suscribe sobre la Teología de la Liberación, sin duda porque ha sido cultivada por notables Jesuitas, v.c. los conocidos PP. Ignacio Ellacuría o Jon Sobrino. García Iglesias se opone con rotundidad a sus tesis. Como lo hace frente a las de Marx y las concreciones sociopolíticas de sus seguidores – partidos políticos, sindicatos o gobiernos – , de las que, según Iglesias, no se ha derivado nada realmente positivo.
El director de la Revista, miembro también de la Academia de Extremadura, suscribe dos trabajos. En el primero analiza la función primordialmente evangelizadora que los bienes eclesiásticos deben cumplir. Tan rico patrimonio, formado a través de una presencia mantenida en lugares múltiples durante siglo, debería servir ante todo para el progreso del mundo al que la Iglesia predica el reino de Dios. (En esa línea discurre también el estudio de Andrés Oyola, catedrático de Latín y académico correspondiente, sobre las piezas, aquí reproducidas, mostradas en la exposición que la parroquia de Segura organizase el año 2005). Constituyen la segunda entrega de Vizuete unos interesantísimos apuntes sobre Lorenzo Suárez de Figueroa, el poderoso caballero renacentista cuya lauda orna el claustro de la catedral pacense, y su mujer, la noble Isabel de Aguilar. El autor corrige las numerosas imprecisiones deslizadas en torno a los miembros de esta familia (a la que perteneció Garcilaso de la Vega).
Antonio Gallego, catedrático del Conservatorio de Madrid, miembro de las Academias de San Fernando y de Extremadura, pulcro investigador, desarrolla una línea de trabajo muy frecuentada por él: la presencia de la música en las obras literarias. Esta vez la escudriña la Historia del famoso predicador fray Gerundio de Campazas, alias Zote, que su autor, el P. Isla, jesuita expulso, vería incluida en el índice de Libros prohibidos. Gallego ha localizado entre sus páginas un centenar de alusiones a la música (desde la antigüedad clásica y bíblica a la época moderna). El análisis de tales citas permite rastrear la historia del “arte de los sonidos” y, sobre todo, entender qué pensaba el satírico novelista sobre la música que por entonces se practicaba tanto en los lugares sacros como en los profanos.
Por último, el también académico José María Álvarez Martínez, director del Museo Nacional de Arte Romano, dedica breves pero sustanciosas páginas al que en Mérida conocen como “Hornito” de Santa Eulalia, remodelado hace ahora cuatro siglos (1612). Recuerda que el Consistorio de la ciudad compró una serie de elementos arquitectónicos de origen romano , algunos de un templo dedicado a Marte , para reconstruir el oratorio erigido donde, según la tradición, habría sido quemada Santa Eulalia. Realiza después un fino análisis de la construcción, con su célebre (aunque poco informativo) epígrafe: “Estas piedras de mármol se hallaron labradas de las ruinas de la ciudad”.
Por último, recordaré que se reproducen facsímiles cuatro folletos del siglo XVII sobre la guerra hispanolusa (1640-16668), conservados en la rica biblioteca del Seminario de San Atón. Tres están en portugués. Impresos en Lisboa los años 1641, 1642 y 1661, respectivamente, informan sobre distintas acciones bélicas en los territorios rayanos (Valverde, Elvas, Villar del Rey, Badajoz). El otro, un cuadernillo de sólo cuatro páginas, que vio la luz en Sevilla, lleva este curioso título: “Relación, en que se declara la trayción que dos sargentos de diferentes naciones avian maquinado hazer en la Ciudad de Badajoz, entragando aquella Plaça y su castillo a los Portugueses el domingo 7 de abril de este año de 1652”.
Francisco Tejada Vizuete (dir.), Pax et Emerita. Badajoz, Archidiócesis Mérida-Badajoz, 2012