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Manuel Pecellín

Libre con Libros

¿LEYENDA O REALIDAD?

Tres rasgos concurren en el autor de esta obra, sobre cuya influencia en la misma no caben dudas. Agustín Muñoz Sanz dirige la Unidad de Patología Infecciosa del Hospital Infanta Cristina de Badajoz y es profesor de Patología Infecciosa en la Facultad de Medicina de la Universidad extremeña. Tiene, pues, acreditados conocimientos, y así se percibe a lo largo de todas las páginas, para abordar el asunto clave: el papel que las enfermedades contagiosas desarrollarían en el Nuevo Mundo durante el periodo acotado por el título. De otra parte, cuenta con una extensa producción literaria, donde figuran novelas (O Yacoy, 1994; Venturas y desventuras de un pícaro sueco, 1997; Aunque soberanos los empeños, 2000), relatos (La Dehesa de los Bidasoa, 1992), libros de viaje (En busca de Ítaca: un periplo de conocimiento interior, 1992), memorias (Diario de invierno, 2003), cuentos (Cuentos extremeños de hoy, 1994) y ensayos (Los hospitales docentes de Guadalupe…). Finalmente, es un conocido articulista (HOY, El Periódico de Extremadura , ABC, El Mundo, Tiempo, La Gazetilla de la UBEx), órganos de expresión en los que no rehúye abordar galanamente, con independencia y buenas razones, los asuntos más polémicos.
Así lo hace aquí, enfrentándose a uno de los puntos básicos que constituyen la famosa “leyenda negra” levantada durante el XVI contra el Imperio español por sus poderosos enemigos: el cataclismo demográfico, con enormes pérdidas – a veces absoluta- de la población indígena en los territorios del Nuevo Mundo descubiertos, colonizados y evangelizados por los españoles sería achacable fundamentalmente a los malos tratos que impusieron a los indios. La cruz y la espada, ayuntándose contra aquellos benditos, tan felices antes de Colón, no sólo los explotaron inmisericordemente, sino que terminarían exterminándolos. Textos como la Brevíssima relación de la destruyción de las Indias, de Las Casas, o las terribles imágenes que grabó De Bry, difundieron por doquier la versión del genocidio.
Muñoz Sanz, que insiste en definir su obra como un ensayo, reconociendo la complejidad del fenómeno y la falta de datos definitivos (pese a las aportaciones de los estudios genéticos actuales), se adscribe a los defensores de otras teorías. Acepta la realidad del terrible mazazo demográfico, aunque reconoce que aún no es posible cuantificar el número de habitantes en los diferentes territorios a la llegada de los españoles. Y no discute las crueldades cometidas por éstos, en línea con las acusaciones lascasianas, si bien recuerda que también hubo leyes reales protectoras de los Indios (otra cosa es como se aplicaban) y no poco defensores de los pueblos conquistados. Incluso se hace eco de auténticas calumnias, como decir que el P. Francisco de Vitoria llegó a dudar de que los Indios tenían alma. Ahora bien, fueron las enfermedades infecciosas las que muy rápidamente contagiarían a los naturales, carentes de factores de inmunidad, acabando de modo masivo con ellos. Pudieron conjugarse de modo coyuntural otros elementos destructivos, materiales o psicológicos (volcanes, terremotos, sequías, hambrunas, alcoholismo, suicidios colectivos), pero la causa de tantos millones de muertes hay que imputárselas sobre todo a la gripe, la viruela, el sarampión, la peste, el tifus o el paludismo. Estos males, cuya sintomatología, curso y propagación se van describiendo minuciosamente, llegaron al Nuevo Mundo, donde eran desconocidos, en los reservorios que suponían los hombres y animales (cerdos y aves de forma especial) llegados a terrenos hasta entonces vírgenes y sin defensa contra dichos azotes, rompiendo con facilidad la “barrera de especies” y generando la catástrofe ecológica. Se recuerda que ni los esclavos negros, ni los mismos españoles, mejor inmunizados, las sufrieron de igual forma, como tampoco se produjo ese desastre ecológico en las Filipinas.
Fueron los virus, no las armas, los culpables de aquel choque brutal y devastador, sostiene el ensayista, aunque acepta que el debate sigue abierto. Él, según hiciese su admirado José de Acosta en la Historia natural y moral de las Indias, se conforma con haber contribuido críticamente a enriquecer la comprensión de la misma e interesar a futuros estudiosos. Creo que lo consigue con amplitud.

Agustín Muñoz Sanz, La leyenda negra. Historia natural y moral de una catástrofe ecológica (1492-1592).Mérida, ERE, 2012

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