Todos conservamos en la memoria, seguramente potenciadas por el cine, aquellas imágenes de los añosos caserones británicos, que Dickens poblase de muchachitos indefensos bajo la férula de tutores crueles e insensibles, cuando no raros y grotescos. En una de aquellas frías mansiones inglesas, que funciona como hospital psiquiátrico para niños huérfanos , sitúa Rui Díaz la narración, la primera de las suyas publicada (si se exceptúan los relatos aparaecidos en revistas como Luar o Callema, fanzines y cómics), obra suficiente para considerarlo voz madura y prometedora. Natural Badajoz (1982), filólogo y músico, enseña lengua y literatura castellana en un Instituto de la provincia.
Dos son los protagonistas de este sobrecogedor texto: el adulto que rige la institución y cuyo nombre se oculta, denominándolo significativamente “El Monstruo”, arquetipo de los adultos, y el leader de la grey infantil, quien va narrando en primera persona las vicisitudes sufridas hasta la rebelión final. El autor maneja perfectamente los hilos del discurso para ir creando un clima de miedos, odios y terror , nutrido con los horrores que irán sufriendo los pocos servidores de la casa, algún profesor y el personal subalterno, desaparecidos de manera sospechosa en escasos días, y las siete criaturas sometidas al puño implacable del Monstruo, capaz incluso de mutilarlos físicamente.
Además de su poder omnímodo, aquel obseso de la higiene cuenta con una facilidad increíble para construir historias, con las que seduce a aquellos espíritus infantiles, salvo al rebelde, capaz de deconstruir el discurso embaucador, se nutra éste en las historias fantásticas, más o menos corregidas, de los hermanos Grimm, Perrault, la literatura hindú o José Luis Borges. Él se niega a salir sólo imaginativamente de aquellos fríos muros como turista ideal, según les propone el gran enemigo. Busca, y nada lo detendrá hasta encontrarla, la liberación definitiva. Le costará convencer a sus colegas para que luchen juntos, pero al fin, antes de que el Monstruo los devore, encuentran el modo de destruir a la bestia. El mundo de los niños, aunque débiles y enfermos, puede acabar con el de los mayores.
Ana Sender (Terrassa, 1978), diseñadora de amplio currículo profesional,
ilustra con ingeniosos dibujos ( a veces recuerdan al Bosco) las páginas de la novela, que también se ennoblece merced a la maquetación y el diseño exquisitos creados por Mayte Alvarado para la joven editorial.
Rui Díaz, Los turistas. Badajoz, El verano del cohete, 2013.