Catedrático de Filosofía y abogado, Martín Burgueño continúa escribiendo su peculiar historia de la villa que lo vio nacer, población de enorme importancia en el devenir de Extremadura. Allí editó durante años, junto con Agustín Romero, la inolvidable revista “Torre Túrdula”, donde los dos profesores y amigos publicarían excelentes trabajos, algunos antecesores de estas páginas.
El volumen, segunda entrega de una obra que puede prolongarse mientres dure la vida del autor, tiene dos partes bien diferenciadas. En la primera se reproduce y comenta un documento no por poco conocido menos importante. Se trata de la enjundiosa contestación que sobre Llerena formulase (1827) José Pascua lTejada , antiguo responsable de la Contaduría del lugar, al “Interrogatorio de la Capitanía General de Extremadura” , formulado por José San Juan. La historia de este ilustador documento , hoy rescatado para el archvo de donde no debió salir, es curiosa y tal vez paradigmática : “El viaje de ida tomó billete de unas manos desaprensivas que lo birlaron sin miramientos ni contemplaciones en una acción tan anónima como furtiva. Después de haber estado dormitando un tiempo en el caserón de un más que culto, curioso por la historia local de la ciudad, fue sisado de aquel reducto por unos utópicos perillanes que lo revendieron por cuatro cuartos. Fue así como el Interrogatorio recaló en la capital de las Andalucías, en una tienda de libros de viejo. Por pago de su convenido precio, pudo ser rescatado y de nuevo depositado en el archivo donde se guardan otros de sus iguales”. Esta cita ilustra sobre el lenguaje del estudioso, que denuncia las numerosas tropelías cometidas contra el patrimonio cultural llerenense, pero se guarda los detalles, en ocasiones con guiños que seguramente solo sus paisanos saben interpretar,
Así se percibe en la parte segunda de la obra, sobre todo cuando se expone el “affaire Caturla”, que rastrea la irresponsable venta de los Zurbaranes, orgullo del rincón surextremeño donde se afincase por no pocos años el célebre pintor.
Otras cuestiones tratadas están referidas fundamentalmente al estudio de los abundantes monumentos arquitectónicos que, en desigual estado de conservación, allí se localizan: palacio de la Inquisición, iglesias de la Granada y Santiago, conventos (hasta ocho hubo en Llerena), ermitas, hospitales, cárceles, escuelas y otros establecimientos públicos.
Las invectivas de las Cortes de Cádiz contra el Tribunal de la Inquisición; los desastres de la Guerra de la Indepedencia contra los franceses y las medidas desamortizadoas desarrolladas durante el siglo XIX darían al traste con el esplendor de la ciudad. El libro permite seguir con detalles ese proceso de deterioro incontenible, siempre según las singulares perspectivas adoptadas por Burgueño. El índice onomástico facilita la localización de los personajes comprometidos en estas “historias menores”, como él las ha calificado.
Ilustra la portada, que ha diseñado A. López Viñas un cuadro anónimo de Nuestra Señora de la Soledad (s. XVII), mientras la contracubierta luce un hermoso paisaje urbano de Gucemas, el excelente pintor también nacido en la antigua sede inquisitorial.
Manuel Martín Burgueño, Historia de Llerena, II. Llerena, autoedición, 2013