Juan García (n. 1933),catedrático de latín ya jubilado, miembro correspondiente de la Academia de Extremadura, encarna a la perfección el modelo del humanista. Como él mismo ha investigado, nuestra Comunidad ha dado a luz una pléyade de tales estudiosos, entre los que sobresale la generación renacentista formada por Arias Montano, El Brocense, Casiodoro de Reina, Pedro de Valencia y tantos otros ilustres cultivadores de las letras todas. Con notables seguidores durante los siglos siguientes, los tiempos últimos verían aparecer la personalidad de Antonio Holgado Redondo, arrebatado por las parcas en plena producción. Precisamente a él se dedica el capítulo VII del libro (pp. 149-187), que incluye una oda sáfica, en latín y castellano, compuesta en homenaje a quien fuese Premio Nacional de Traducción por la magnífica que de la Farsalia de Lucano hiciera.
La obra contiene casi dos docenas de ensayos que, dispersos por numerosas publicaciones no siempre fáciles de localizar (revistas Índice, Encontros/Encuentros, El Urogallo, Alor Novísimo, Intramuros, sin olvidar la más accesible Revista de Estudios Extremeños) constituyen una valiosa propedéutica a las disciplinas humanísticas. En realidad, se trata de una segunda edición, corregida y aumentada (no es tópico). Algunas novedades son: la distinta estructura del volumen, ahora subdividido en diez capitulos, más un epílogo; la sustitución de no pocos trabajos por otros quizá más pertinentes; el cambio en algunos títulos; la inclusión de notas a pie de página con citas en griego y las modificaciones ocasionales de otros textos. Se mejora, pues, la de 2001 (Mérida, ERE).
Los ensayos aquí recogidos podrían dividirse en dos grandes series: los que ensayan interpretaciones, más o menos canónicas, de los poetas más leídos por el estudioso ( el Arias Montano latino, Rubén Darío, Juan Ramón Jiménez, Miguel Hernández o Luis Álvarez Lencero) y aquellos en los que propone sus propias ideas en torno a cuestiones varias: las características de la cosmovisión propuesta por el Barroco o los lugares comunes recurrentes en la tradición literaria (el río, el rincón, el viento, la utopía, el amor, la muerte), sin excluir los apuntes de alcance filosófico .
Como sugiere el título, en el libro se entrecruzan la experiencia vital del autor y la enseñanza libresca, en un proceso según el cual esa experiencia vivida viene a derivar en teoría (término griego que significa “explicación”). Y no se olvide que no hay nada más práctico que una buena teoría, enfatizaba el muy pragmático Lenin hacia 1918..
Juan García Gutiérrez, De la vida a la teoría (artículos y ensayos). Palibrio, Bloomington, 2013