Popularizada por una serie televisiva de éxito, la guerra de sucesión entre Isabel de Castilla y Juana la Beltraneja/Alfonso V de Portugal (1475-179) tuvo repercusiones extraordinariamente negativas para Extremadura. El joven historiador Carlos J. Rodríguez (Cáceres, 1980), que dedicase su tesina de licenciatura a los contenidos militares de la crónica del Maestre de Alcántara , Alonso de Monroy – tremenda personalidad, clave en la época, como lo fueron el llerenense Alfonso de Cárdenas; el segedano Suárez de Figueroa o el belicoso obispo de Évora-, amplía aquí su atención y analiza aquel lustro de enfrentamientos llevados “ a fuego e sangre”, según consigna de sus dirigentes, entre los dos países vecinos. Lucha con enorme complejidad, al filo de un cambio de época (medievo-renacimiento), de españoles y portugueses, junto a sus respetivos aliados, que no sólo trataban de dirimir la sucesión a la corona castellana, sino otras muchas lites, algunas seculares.
La obra, que se lee casi como una novela, consta de cinco partes, necesariamente interrelacionadas: breve retrato de los Reyes Católicos, presentación del conflicto, balanza de los recursos bélicos, examen de las estrategias empleadas y un interrogante final: ¿supuso la guerra luso-española una auténtica revolución militar, o fue solo una fase en la progresiva evolución de los ejércitos medievales a los modernos?
El objetivo básico del estudio es mostrar la organización de los ejércitos y su forma de hacer la guerra, tal como se desarrolló principalmente “entre Tejo e Odiana, d´onde grandes e danosas entradas” (Ruy de Pina), No mayores que las provocadas allende la Raya por su armados vecinos: “Que fagays la dicha guerra e todo mal y daño…”, ordenaba doña Isabel a don Álvaro de Stúñiga.
Pero otras muchas cuestiones colaterales son también atendidas: las luchas intestinas entre los nobles extremeños, que cambian de bando según interesa a su insaciable ambición; la importancia de las Órdenes de Santiago y Alcántara, cuyo maestrazgo muchos pretenden; el acrecentamiento de la infantería popular y las armas ligeras lanzaproyectiles (ballestas, escopetas, espingardas) frente a la pesada caballería de los nobles; la aparición de grandes y costosos cañones, con enorme fuerza destructiva ante los viejos castillos; las invenciones arquitectónicas en defensa; el tránsito hacia un ejército estatal permanente; la angustiosa búsqueda de recursos para subvenir los gastos de la guerra (más pobre Isabel que Alfonso, pero capaces los dos de hacer fundir el oro y la plata de las iglesias para pagar a sus soldados ); los conflictos internos en ciudades como Badajoz, Cáceres y sobre todo Trujillo; la importancia del “partido portugués” en tantos lugares de nuestra región; las repercusiones en la arruinada población civil (pues siguen fomentándose como estrategia fundamental las incursiones de desgaste en territorio enemigo, para hacerse con el botín y, más aún, dejar inermes e incluso aterrorizadas a las poblaciones rivales).
El autor defiende sus ideas, muchas veces enfrentadas a la historiografía tradicional, sosteniéndolas merced a sus propias investigaciones en los archivos oportunos y al exhaustivo uso de las fuentes bibliográficas, nacionales y extranjeras , como trascienden en abundantes notas a pie de página. La eliminación de algunas incorrecciones sintácticas (“es por eso que”), especialmente el uso del infinitivo introductorio o fático, sin verbo principal (tipo “decir que…”) mejoraría sin duda su por lo común correcta prosa.
Carlos J. Rodríguez Casillas, “A fuego e sangre”. La guerra entre Isabel la Católica y doña Juana en Extremadura (1575-1479). Mérida, ERE, 2013