La bibliografía sobre Hernán Cortés resulta realmente abrumadora y no deja de incrementarse, en algunos casos con aportaciones tan llamativas y discutibles como la última de Christian Duverger (Crónica de la eternidad. ¿Quién escribió la “Historia verdadera de la conquista de la Nueva España”? México, Taurus, 2012) . Adelanto que la tesis del francés – el auténtico autor de dicha obra habría sido el mismo Cortés, pues Bernal Díaz del Castillo, a quien siempre se la atribuye, sería un analfabeto sin historia hasta fecha muy tardía, que habría prestado sólo el nombre a tan magnífica narración- aquí desmontada.
Lo ha hecho María del Carmen Martínez, especialista en los estudios cortesianos, quien adelanta una investigación suya en curso sobre el conquistador extremeño. Profesora en la Universidad de León, la realiza dentro de un proyecto que dirige con su habitual sapiencia el Dr. Jesús Paniagua Pérez. Su fruto más sustancioso es enriquecer el conocimiento que se tiene de lo que algunos ha llamado “la compañía de Cortés”. La formaban los varios centenares de soldados, marinos, artesanos, criados, sacerdotes y escribas (no eran funciones excluyentes) que salieron de Cuba bajo la dirección del de Medellín y pisaron por vez primera territorio continental, los arenales de Chalchiuhcuecan, donde, bien acogidos por los admirados indígenas, fundarían la ciudad de Veracruz. Decisión polémica la de poblar, por no estar claro si se contaba con el necesario permiso de Diego Velázquez. Con razón se les tendrá como los “primeros conquistadores”, título que pronto sería motivo de orgullo y base para la reclamación de interesadas mercedes ante la Corona.
La autora reconstruye aquellas actuaciones fundacionales; expone la estrategia organizada por Cortés para justificarlas, siempre apoyándose en su indefectible afición a asentarlas por escrito; establece la secuencia cronológica de los acontecmientos (refutando no pocos lugares comunes) y, sobre todo, identifica a los componentes de aquel belicoso grupo, donde figuraban personas de numerosas nacionalidades, entre las que lógicamente abundan las naturales de Extremadura. (Por cierto, a mí me encanta la advertencia, recogida por López de Gómara, que los partidarios de Velázquez le remiten advirtiéndole no se fíe de Cortés, porque “era extremeño, mañoso,altivo, amador de honras y hombre que se vengaría en aquello de lo pasado”).
Martínez utiliza fundamentalmente un documento hasta ahora apenas explotado, que reconoce encontró Martínez Cabral (1989) y dio a conocer M. Baracs (2005). Se trata de la Petición al cabildo de Veracruz, entidad recién instituida a impulso del propio Cortés, y que el procurador Álvarez Chico presentase en nombre de la comunidad (20 de junio de 1519), escindida entre partidarios de Velázquez y del extremeño, donde se solicita para éste, en una medida realmente revolucionaria, los cargos de capitán general y justicia mayor.
Este documento, que se guarda en el Archivo de Indias y aquí se reproduce facsímil, llevaba casi 400 rúbricas, algunas simples garabatos. Contrastándolo con otros, la investigadora establece la personalidad de cada uno de los firmantes, enriqueciendo así notablemente el “Diccionario de los conquistadores de México”, hecho por Bernard Grunberg (2001), a la vez que da nuevas luces sobre los inicios de aquella gesta y sus principales protagonistas.
Martínez Martínez, María del Carmen, Veracruz 1519. Los hombres de Cortés. León, Universidad, 2013.