Natural de Don Benito y médico de profesión, Flórez se crió junto a los Andes de Marquetalia, lugar profundamente marcado por las actuaciones de los guerrilleros comunistas. Ha sido docente universitario y consultor del gobierno de Colombia, habiendo trabajado también como redactor para distintos periódicos latinoamericanos. Actualmente reside en Extremadura trabajando como especialista en drogas y deportes, a la vez que continúa su obra poética que le ha merecido distinciones numerosas. En ella figuran títulos como Desplazados del paraíso (2003), Dalí. El arte de escandalizar (2004) y Bajo tus pies la ciudad (2012).
En las fronteras del miedo, que publica la colección “Alcazaba”, ya en su tercer formato, se perciben los ecos de tan comprometido curso existencial.
La obra se divide en seis partes, con diferente factura temática y formal. Abren la primera, “Arden las sombras”, con sendas citas de Álvaro Mutis y José Antonio Gabriel y Galán, cuyos versos adelantan la denuncia social recogida en los suyos por Flórez, especialmente sensible a los sufrimientos de la niñez. “Los gallos de la medianoche/clavan en su corazón/escuelas de óxido”: así resume el poeta el malestar que le turba ante tantas violencias, basuriegos y bazuqueros, tantas desgracias “de un país vertical en su lenguaje/de odiosancestrales/y muertes clandestinas”.
¿Hacia dónde huir?, se pregunta quien se duele de ser sólo poeta, solidarizándose con todos los forzados al exilio, en la parte segunda, que cierra un magnífico prosema. Sigue, con entradilla de A. Valverde, “En la frontera”, cuyos poemas se contraen en breves estrofas de arte menor, para dejar paso a la cuarta, “El miedo”, escrita toda en prosa poética y marcada por un hondo sentimiento de frustración ante la imposible esperanza, que fuerza tal vez a esta dolorosa actitud: “sin otra opción que el silencio, me aislo para el sombrío sacrificio del rencor. Mis dedos se agarran al frío sintagma de una palabra horizontal. Desisto de mí”.
No es raro que esto conduzca a una situación vital semejante a la cantada por el descorazonado Cohelet, según expresa la parte quinta, “Destino”. La introduce desgarradamente Nuno Júdice (“Ninguna certeza sustituye la convicción de la nada..”), apenas aliviado por el bosque del lenguaje de Basilio Sánchez. Ni la memoria de la infancia feliz sirve como refugio, porque el poeta sabe “que nunca más/podrá regresar/a esa su desvastada casa/donde soñaba países lejanos/y se aromaba de brisas de mar”.
Concluye la parte última “Corazón de piedra”, desdoblada en dos secciones:
La piedra y la ceniza y Desolación, que sorprende con diálogos padre/hijo, acaso no lo mejor de un poemario conmovedor, repleto de aciertos.
Antonio María Flórez, En las fronteras del miedo. Badajoz, Diputación, 2014