JUDÍOS EN HERVÁS
Marciano Martín, diplomado en Ciencias de la Información, es natural de Hervás (n. 1957), la hermosa villa que pasa por haber tenido una gran aljama hebrea (“En Hervás, judíos los más”, dice el tópico), aunque no fue la que contó con más familias israelíes entre las poblaciones de Extremadura. Nadie lo sabe mejor que el autor -firma muchos de sus estudios como Marciano de Hervás – , atento a cuantas huellas judías puedan rastrearse en los archivos, usos y costumbres, arquitectura, toponimia o bibliografía. De sus numerosas publicaciones cabe destacar las siguientes obras: Documentos para la Historia de los judíos de Coria y Granadilla (1999); Historia de los judíos de Plasencia y su tierra (2001); La vida en las tierras de Granadilla: romanos, judíos y cristianos (2003); Judíos y cristianos nuevos en la historia de Trujillo (2008); Abraham Zacuto, astrólogo de don Juan de Zúñiga (III Premio de Investigación y Divulgación Histórica “Pedro de Trejo”, también publicada en Renacimiento, 2010) y La Capa de Elías: la asimilación de los cristianos nuevos de Hervás, que, galardonada con el Premio “Alconétar” de Historias Locales , apareció en la ERE, 2011.
Los datos obtenidos para esta última investigación proporcionan la trama para El libro verde, una novela histórica no sin apuntes picarescos, enmarcada en Hervás, durante el s. XVII , reinando Felipe IV, con la guerra de Portugal al fondo. (Exceptuemos la parte segunda, donde el protagonista se mueve por el sur de Extremadura y Sevilla, a impulsos de la farándula). Según el II Libro de los Reyes – hay muchas alusiones bíblicas en el texto- , el profeta Elías se detuvo cierta vez ante el Jordán y, enrollándose la capa, golpeó las aguas del río hasta dividir en dos su corriente. Como escindidas se encontraban en tantas poblaciones españolas la comunidad de los “cristianos viejos” y la constituida por los judeoconversos. Tras la expulsión ordenada por los Reyes Católicos, muchos hijos de Israel optaron por bautizarse y permanecer donde sus mayores venían residiendo, a veces desde tiempo inmemorial. La Inquisición procesaría a millares de neófitos acusándolos de que permanecían fieles a la fe primitiva (a la vez que el temible Tribunal se apropiaba de ricas haciendas y quitaba de en medio a peligrosos competidores, mucho mejor preparados que sus convecinos para el comercio, la industria, la cultura e incluso la política modernas).
E íntimamente escindido vive López de Hontiveros, personaje no muy convincente en torno al cual se nuclea el relato. Hijo de cristiano viejo y madre de etnia judía, posee una cultura extraordinaria, que no sabemos cómo adquirió. Conoce perfectamente la Biblia, los clásicos grecolatinos e incluso a los grandes escritores coetáneos, a todos los cuales cita de memoria, junto con numerosas composiciones de literatura popular. Su existencia vacila entre los imperativos de Pedro y Saulo. Si el padre, que previsoramente se niega a circuncidarlo, lo impulsa a seguir el camino evangélico, ella se empecina en que guarde la ley de Moisés, como hacen otros familiares suyos. Problemas miles tendrá que sufrir si quiere conciliar las dos instancias y vencer las limitaciones de los “estatutos de sangre”.
La división se percibe pen los hogares, plazas, iglesias e instituciones públicas de Hervás, alcanzando paladino retrato en las dos mayores cofradías lugareñas: la del Rosario, dominada mayoritariamente por los rancios y orgullosos labradores, y la del Sacramento, donde sobresalen los mercaderes, a quienes no se les perdona su origen judío, por más asimilados que se encuentren y más sinceros sean en el ejercicio de la fe católica. Solo la intervención de la autoridad, junto con las generosas aportaciones de hombres buenos reconocibles en ambas clases, impide muchas veces que la sangre llegue al río Ambroz. El libro verde, compuesto para difundir que son de etnia judía muchos más de cuantos lo reconocen, también contribuirá a la tolerancia.
La obra homónima constituye un excelente testimonio de la época . Escrita como un libro de memorias, oculto y a la postre descubierto, manuscrito que el autor daría ahora a luz tras algunas correcciones, combina la riqueza de lenguaje, voluntariamente arcaico y el rigor histórico, con una farragosidad excesiva y claros desaciertos estilísticos, diálogos imposibles y discutible gracejo verbal.
Marciano Martín Manuel, El libro verde. Sevilla, Renacimiento, 2014