Félix Pinero (Granadilla, 1950) ha desarrollado una larga carrera profesional en el mundo de las comunicaciones. Entre sus muchas labores destaca la dirección del Extremadura, donde ha escrito durante veinte años. Como esta última obra suya, las dos anteriores, Cuaderno de verano (2013) y Retratos de personajes extremeños (2014), se ha formado con artículos que publicase en dicho periódico cacereño. Allí mantuvo, alternándose con Manuel Carracedo, la columna “Punto final”, de las que firmó 348 entregas en la página última entre marzo 1994-julio 1996. De las mismas ha elegido 195 para componer este volumen, respetando el nombre. Constituyen “una mezcla de filosofía y literatura que… invitaban al lector a compartir conmigo un pensamiento, una melancolía, un trasunto periodístico-literario, tras el tráfago de las noticias mundanas del día”, manifiesta el autor en los preliminares. Esa intencionalidad, bien respetada, ha hecho que trascendiesen las coyunturas sociopolíticas en que se generaron y conserven hoy un indudable interés. El libro lleva prólogo de Manuel Martínez Mediero, tan personal como todo cuanto escribe el premiado dramaturgo y que poco relación dice con los textos siguientes. Licenciado en Filología, Pinero sobresale por su interés hacia los asuntos lingüísticos, sobre los que vuelve una y otra vez, por cierto en una prosa siempre cuidadosamente labrada. Constituyen sin duda el núcleo de esta antología. Se me ocurre pensar que el autor suscribiría con gusto una de las tesis fundamentales del Tractatus logico-philosophicus, obra cumbre de la cultura contemporánea, aunque no cite (ni falta que hace) a Wittgenstein: “los límites de mi lenguaje son los límites de mi mundo”. Pero también me gustaría destacar otros apuntes, como el dedicado a Nicolás Montana (n. Mérida, 1909), uno de los españoles que tomó a los alemanes París el 24 de agosto de 1944 junto a sus compañeros republicanos de la “Nueve”, compañía encuadrada en la columna del general Leclerq. (Otro extremeño, Antonio Gutiérrez, demandó, pistola en mano, la rendición de Von Chottiz, que le entregaría su propio reloj de pulsera). No menos interés producen las evocaciones de lugares como Cáceres, Hervás o Granadilla, junto con los obituarios de compañeros, tal el dedicado a Germán Sellers.
Félix Pinero, Punto final. Badajoz, Diputación, 2014