Con la coordinación de Felipe Lorenzana, cuidado por Félix Iñesta (edición impresa) y Francisco Javier Mateos (edición digital), se publica este volumen de 428 páginas, que recoge los trabajos defendidos en las XIV Jornadas de Historia de Llerena. Resulta admirable la calidad que sigue manteniendo este simposio. La convocatoria de 2013 tuvo por lema “España, el Atlántico y el Pacífico”, centrándose en la conmemoración del V centenario del descubrimiento de la Mar del Sur por Núñez de Balboa, si bien se aceptarían otras comunicaciones sobre Extremadura no relacionadas con dicha efemérides. Señalaré las más interesantes.
Tras el estudio de Antonio García-Abásolo (Universidad de Córdoba) en torno a las relaciones comerciales entre Acapulco y Filipinas, merced al famoso “galeón de Malina” (analizado después por José M. Herrera), con el papel predominante que los chinos llegarían a conseguir en estas transacciones hasta la expulsión (¡otra más!) de los “sangleys”, Carmen Mena (Universidad de Sevilla) expone el interés que para los españoles alcanzaron bien pronto las famosas pesquerías de perlas en los manglares panameños. Ya Núñez de Balboa vislumbró la importancia de aquellas tesoros frente a unos indios más interesados ante la carne de las ostras que sus excreciones ambarinas, seguros así de engañar a los conquistadores intercambiándoselas por auténticas baratijas (Bartolomé de Las Casas dixit). Y ello aunque se tratase de ejemplares como la célebre “Peregrina”, cuya novelesca historia aquí se dibuja.
Rafael Rodríguez-Ponga (Instituto Cervantes) recoge multitud de términos españoles pertenecientes a la cultura porcina y conservados en el chamorro, el idioma de las islas Marianas. Atribuye este fenómeno lingüístico a que fueron unos jesuitas extremeños, llegados desde Plasencia, quienes llevaron los cerdos hasta aquellos territorios. Precisamente de otro miembro de la Compañía, Manuel de Solórzano y Escobar (1649-1684), que también misionó allí, se ocupan Andrés Oyola y Manuel López Casquete. Nacido en Fregenal y asesinado por los chamorros insurrectos, al parecer dejó escrita una Descripción de las islas Marianas, costumbres de sus habitantes. Sus restos, considerados como reliquias, sufrirán una auténtica odisea, hasta hoy mismo. De otros religiosos extremeños en Filipinas se ocupa Carlos Villoria, quien nos ofrece breves datos de los PP. Agustinos Sebastián de Foronda (Badajoz, 1665) y Eusebio Polo Santa Ana (Brozas, 1719). Ambos merecen figurar en la nómina de escritores de la Región, como autores que fueron de numerosas publicaciones religiosas y poéticas. No resultará rara la devoción a la Virgen de Guadalupe , según expone Pablo Jesús Lorite, en las Islas Filipinas (donde también se practicó durante tres siglos la tauromaquia, como demuestra Francisco M. Arénaga).
Más atractiva aún es la figura de la llerenense Catalina de Bustamante. Pasada a América durante los primeros años de la conquista y estrechamente vinculada a la obra evangelizadora del franciscano Toribio de Benavente (el famoso “Motolinía”: pobrecito, en nathual, otro defensor de la población indígena), se la considera hoy la primera gran educadora en el Nuevo Mundo. De ella se ocupa Julián Ruiz Banderas, más interesado en el contexto histórico que en el personaje mismo.
Francisco J. Gutiérrez establece la biografía básica de dos “peruleros” del s. XVII, el matrimonio formado por Gonzalo Cano Pulgarín (n. Azuaga) y María González Centeno (n. Zalamea de la Serena), que, vueltos a España y afincados en Sevilla, desarrollaron junto al Betis una intensa actividad comercial.
Menos fortuna tendrían José Sepúlveda, Diego Pacheco y Julián Olivares, destacados militares de la “Leal Legión Extremeña”, el regimiento constituido por el escocés John Downie durante la Guerra de la Independencia contra los franceses y destrozado tras la derrota de Ayacucho. Sobre ellos escribe Ignacio Pavón Soldevila (UEX) .
Aunque relacionados con otras situaciones, importa destacar la aportaciones de Ángel Bernal (“Posesiones, rentas y censos de propios, eclesiásticos y de la Orden en Llerena. 1494-1515″); Manuel Maldonado (“Estrategias de la oligarquía de Llerena en el gobierno del concejo y su hacienda durante el XVII”) y Francisco J. Mateos (“Nuevas aportaciones documentales sobre el urbanismo de la ciudad de Llerena y su historia”). Cierra el tomo Antonio M. Barragán-Lancharro, que relaciona la reglamentación para los primeros convenios colectivos en el campo extremeño aprobada (1932) por los jurados mixtos de Olivenza y Don Benito. A su entender, los sublevados franquistas respetarán básicamente aquellas disposiciones.
Félix Iñesta Mena y otros (coord.), España, el Atlántico y el Pacífico. Llerena, Sociedad Extremeña de Historia, 2014.
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