Auschwitz-Birkeneau, el doble campo de exterminio levantado por los alemanes en Polonia como cabeza de un monstruoso sistema concentracionario, sigue siendo la vergüenza de Europa. Las recientes medidas adoptadas por un conjunto de países (no España) para mantener en pie cuanto queda de aquel horror, contribuirán a mantener la memoria histórica de algo que nunca debió aprobarse: el holocausto del pueblo judío y de quienes podrían estorbar (gitanos, homosexuales, minusválidos, comunistas) el proyecto imaginado por los nazis para salvar el mundo sobre los fundamentos de la raza aria. A los abundantes testimonios compuestos por víctimas de aquel infierno, se sumó el de Odette Elina, que paso allí casi dos años, “sin flores, ni coronas”, sino más bien dolorida por el hambre, el frío, la enfermedad y brutalidades innúmeras, aunque se escapó de los hornos. Nacida en París (1910), miembro de una familia hebrea acomodada, se adscribió joven al Partido Comunista francés. Pronto (1940) pasa a colaborar con la Resistencia, siendo detenida por la Gestapo (1944) y deportada a Auschwitz. Sus padres y su hermano pequeño fueron gaseados, pero ella resistió hasta la llegada de los rusos (1945) y regresó a Francia, donde ejercía como secretaria del Comité Internacional de Auschwitz entre 1957 y 1967. Murió el año 1991. A propósito de su obra Sans fleurs ni couronnes escribió A. Camus: “Cuando hayan cesado hasta los ecos, pues habrán muerto todos los testigos, cuando el olvido se apoderes, como suele, de la verdad, será necesario volver a documentos como éste”. Ahí radica el gran valor de esta obra, que Periférica publicase en castellano hace un lustro y vuelve a editar ahora. Con una prosa de extraordinaria desnudez, más a modo de apuntes que de texto perfecto, Odette se conducirá como una pintora expresionista para trazar un conmovedor retrato del lager donde la encerraran. No son menos turbadores los dibujos que enriquecen el pequeño volumen, trazados por ella misma. Puesto que la vesania de sus verdugos es ya lugar común, tal vez lo más llamativo de la obra sea el relato sobre el comportamiento sumamente egoísta de los propios encarcelados, capaces de todo con tal de conseguir un mendrugo o un harapo extras, si bien la autora asume su defensa: “Con el paso del tiempo, comprendo mejor que la furiosa necesidad de sobrevivir haya podido convertir en malvados y en animales de rapiña a algunos seres humanos” (pág. 10). La biografía de Odette Elina se recoge en un postfacio compuesto por Sylvie Jedynak, quien resalta cómo el texto refleja la barbarie nazi sin que el texto pierda su profundo lirismo. La traducción es de Luis Eduardo Rivera.
Elina, Odette, Sin flores ni coronas. Cáceres, Periférica, 2014