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Manuel Pecellín

Libre con Libros

DISCURSO ANATÓMICO

Una vez más, y son varias decenas, el autor extremeño (Nogales, 1950) publica un libro galardonado, esta vez con el XIII Premio de Poesía Vicente Núñez.  Lo convoca la Diputación de Córdoba y lleva nombre del escritor nacido en Aguilar de la Frontera. Pablo García Baena, presidente del jurado, definió Discurso de anatomía como “un poemario correcto, itálico, de un lenguaje cuidadísimo, en el que subyace el tema del amor como trasfondo”. (Cabe recordar que es el juicio de un hombre que cuenta con el Príncipe de Asturias de las Letras 1984, el Reina Sofía de Poesía Iberoamericana 2008  o Federico García Lorca 2012, entre otras muchas distinciones).
No pretenderé desmentir a tan relevante experto, cuya calificación lingüística suscribo, pero me parece que no es el tema amoroso lo que predomina en esta obra. Por lo demás, ponerse trascendente con su autor es lo mejor para no entenderlo. Él, que concibe la escritura como la labor de Penélope, un tejer y destejer los mismos argumentos, perceptible en todos sus trabajos, lo que busca fundamentalmente es jugar, divertirse con imágenes fantásticas y la brillante expresión de las mismas. En algún momento puede dar cabida a cuestiones de gran calado: el sentido de la existencia humana, las mordeduras del dolor físico o moral, la presencia siempre acechante de la muerte o incluso la  crítica social, (“La tierra, san saberlo/les concede a los pobres la semilla/para que luego recolecte el amo”, concluye el poema que evoca al espantapájaros capaz de sembrarse en el botón de la chaqueta una semilla).
El espíritu juguetón e ingenioso de R. Lozano, tal vez con su punto de burla irónica y amable, tan amante del retruécano,  genera versos sorprendentes en los que presenta a Caperucita verde, Kafka recurriendo al insecticida para suicidarse, las  tristes olas huérfanas, el ángel de cabellos tonsurados en una confitería, los devotos  gatos negros de la catedral, las ranas croadoras de la pila de bautismo, el conejo rebelde del ilusionista, las horquillas perdidas de la memoria, el lunar bebedor de lágrimas o el afinador de ollas a presión, empeñado en que todas las de la vecindad entonen el Ángelus (como del pastor de Luis Landero limaba las esquilas para conseguir sus armónicos).
 Sólo quien se sitúe en tales parámetros podrá percibir  y solazarse con el discurso anatómico que establecen corazón y tripas, príncipe tartamudo aquél, charlatanas flemáticas ellas, acaso el único lenguaje que realmente importa.
Ramírez Lozano, José Antonio, Discurso de Anatomía. Sevilla, Renacimiento, 2014

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