EL INOCENTE DE D ´ANNUZIO
Aunque perseguido por una mala como alguien próximo a la ideología fascista, fenómeno cada vez más perceptible a partir de la I Guerra Mundial, donde se comportó heroicamente, D´Annunzio (1863-1938) es un clásico de la literatura italiana contemporánea. A su bien ganado prestigio contribuyó de modo sustancial El inocente, novela que hoy se nos antoja casi imposible llegara a escribirla con sólo veintiocho años. (Luchino Visconti la llevó al cine en 1976). Y no ya por la madurez de la prosa, sino por la finura de los análisis psicológicos de sus dos protagonistas, basados en un conocimiento del alma humana difícil de presumir en autor tan joven. Constituye enorme placer leerla en el magnífico castellano de una traductora tan prestigiosa como Pepa Linares quien, entre otros galardones, ostenta el “Ángel Crespo” 2014 por la versión de El partisano Johnny, de Beppe Fenoglio.
En España, pocos admirarían más a D´Annuzio que Felipe Trigo. (Véanse, por ejemplo, las del extremeño a Unamuno, donde lo confesaba paladinamente). Sin duda, le atraen del italiano un conjunto de cualidades que el creador de Las ingenuas quiso siempre imitar, tal vez sin conseguirlo de modo tan perfecto: interés hacia la psicología femenina, defensa de la mujer frente al egoísmo de los hombres, denuncia de la moral tradicional, predilección por la estética ante la ética, filosofía vitalista, preciosismos del lenguaje y gusto por las modas modernas (las que entonces “ de París”).
Tullio Hermill asume el relato de los acontecimientos en primera persona, como para resaltar la alta concepción en la que se tiene, más allá del bien y del mal, según la norma nietzscheana ya dominante en no pocos ambientes europeos finiseculares. Miembro de una familia latifundista, para la que los campesinos trabajan aún al modo medieval, está casado con Giuliana, mujer de exquisitos gustos e intachable conducta. Sufre silenciosa las continuas del orgulloso marido, hasta que, seducida por el escritor Filippo Arborio, también ella comete adulterio. ¡Pero cuán distintas son las consecuencias de las desordenadas conductas dentro del matrimonio!
El imprevisto embarazo de la esposa desencadenará un drama, cuya víctima será el inocente fruto de una relación puntual. El lector puede suponer al verdugo, pues desde las primeras líneas de la novela sabemos que se trata de la “confesión” de un crimen, oculto ante los hombres como simple accidente, pero lacerante (sólo hasta cierto grado) en la conciencia del verdugo.
Seguir los minuciosos análisis de las conductas implicadas hasta el trágico desenlace; tejer y destejer, con minuciosidad de orfebre, el discurrir de los personajes, constituye un bien remunerado ejercicio lector. D´Annuzio no oculta su interés por el psicologismo literario ruso, sobre todo de Tolstoi, a quien cita una y otra vez, llegando incluso a reproducir párrafos de obras como Guerra y paz. (Tolstoiana es la personalidad de Giovanni di Scórdio, sufrido carbonero que aparece como contrapunto de Tullio, para quien trabaja al modo de los campesinos de Novecento).
Gabriele D. Annunzio, El inocente. Madrid, Alianza Editorial, 2015.