Las tropas alemanas que ocuparon Rumanía y Hungría (los dos países a los que Alaine Polcz siente pertenecer) se condujeron allí con la clásica brutalidad de todos los ejércitos invasores, aliados incluidos. Sus víctimas predilectas serán los patriotas rebeldes y la población judía, así como los dispuestos a jugarse la vida en ayuda a los hebreos, entre los que se contarán numerosos familiares y amigos de la autora citada. Peor aún fue cuando llegaron los rusos. Supuestos liberadores frente a la barbarie nazi, la soldadesca de Stalin verterá una cadena de horrores sobre los territorios antes invadidos por la Wehrmacht. La hoz y el martillo no suponen ningún alivio de la esvástica. Lo sufrirán sobre todo las mujeres, de las que más de 200.000 serán salvajemente violadas por los soviéticos, con secuelas físicas y psicológicas terribles.
Lo fue Alaine Polcz, que a apenas contaba veinte años y tenía un espíritu tan sensible, como cultivado. En 1991, cuando los rusos comienzan a abandonar Hungría, se decidió a romper un silencio de casi medio siglo, publicando Una mujer en el frente. Constituye la desnuda memoria de lo que fue aquel periodo de la Segunda Guerra Mundial. Pocos textos pueden resultar tan conmovedores. “Este libro, confesaría la escritora, nació de una grabación. Una amiga tuvo una crisis matrimonial, y decidí contarle mi historia para consolarla. La grabé en una cinta, y se la entregué. Después de escucharlo todo me dijo: Sabes que tienes que publicarlo. Y así fue.” Para entonces, era una psiquiatra prestigiosa, casada en segundas nupcias con Miklós Mészöly, un escritor famoso.
Nacida (1922) en Kolozsvár, ciudad transilvana (hoy Rumanía, Cluj Napoca), de familia protestante y bien acomodada, se unió en matrimonio con solo diecinueve años a un hombre duro, egoísta, al que amó profundamente, pero nunca supo entenderla durante los siete años de convivencia. También estás páginas informan de sus nada fáciles relaciones, más problemáticas aún por las trágicas circunstancias bélicas. “Separados a la fuerza, Alaine pasa meses en el frente, ora presa de los alemanes, ora víctima de los rusos. Su marido la da por muerta, pero ella no se rinde, sobrevive a la violencia, las enfermedades y la indiferencia de sus queridos. Estas ganas de vivir, esta sinceridad que no conoce compromisos dan la fuerza conmovedora a sus memorias. Una mujer en el frente es el testimonio más valiente de la literatura húngara, y lo es doblemente porque nunca ha pretendido serlo”, resume una admiradora que la trató en Budapest, ya herida del cáncer fatal (+ 2007).
Versionada por Eva Cserháti y Carmina Fenollosa Escuder, luce esta entradilla : “La guerra no es fácil. El matrimonio tampoco. Voy a intentar contarte cómo fue todo, porque tengo que contarlo al menos una vez”. Según tantos novelistas sometidos a traumas terribles, Polz lo hizo con la resolución, delicadeza y humanidad, que hacen del libro una obra inolvidable. Tuvo el horror impreso en el alma. Ni el hambre, la gonorrea, la peritonitis, los piojos, las heridas, un fusilamiento fingido e innumerables violaciones lograrían destruir su inmensa bondad. Constituye un testimonio impagable de cómo la especie humana, pese a tantas atrocidades, merece un punto de salvación. Siquiera sea merced a gente como Polcz y su admirable suegra, en tantas ocasiones aquí evocada con sumo cariño.
Alaine Polcz, Una mujer en el frente. Cáceres, Periférica, 2015.