Entre los obispos con marchamo renacentista que ejercieron en las diócesis extremeñas durante el XVI, sobresale Pedro García de Galarza. Nacido en Bonilla de Huete (1538), ocupó la sede de Coria desde 1579 hasta su fallecimiento (1579). Mercedes Pulido y Cecilia Martín Pulido publicaron (2010) la biografía del prelado en la colección que el Ateneo de Cáceres creara, con la colaboración del periódico HOY, para dar a conocer los personajes de la ciudad.
Galarza fue un hombre de Felipe II, cuyo consejero fue y al que sirvió en no pocas misiones diplomáticas, especialmente las relacionadas con Portugal. Se había formado en la Universidad de Salamanca, donde desempeñó una cátedra de Filosofía. Como “doctore theologo” y “publico philosopho” se presenta en la portada de una de sus obras, Evangelicarum institutionum libri octo (Venecia, 1604), que dedicó al Rey prudente.
Al parecer, Galarza contó entre sus discípulos al mismo San Juan de la Cruz y mantuvo relaciones epistolares con el segedano Pedro de Valencia. Habría de probar sus habilidades para el gobierno, templanza, profundos saberes y fidelidad a Roma en el pleito que lo enfrentaría a las monjas de San Pablo (franciscanas) y Santa María de Jesús (jerónimas), dos conventos donde se recogían numerosas mujeres de las más relevantes familias cacereñas. Él mismo daría cuenta de esa larga lite (hasta cinco veces apelaron las religiosas) en la segunda de las obras que publicó y ahora se reedita merced a los buenos oficios de Manuel Maña, profesor de la UEX.
El libro apareció en Salamanca (1589) con dos versiones, una para los expertos; otra para el gran público: De clausura monialium controversia y Sobre la clausura de las monjas, títulos que apuntaban directamente a la razón del enfrentamiento entre el pastor y sus profesas. Aquel quiso imponer en todos los conventos de la diócesis, según orden del Concilio de Trento, la prohibición de que, salvo en contadas excepciones y siempre con los permisos reglamentarios, las religiosas salieran de sus muros ni recibieran bajo los mismos visitas profanas. Sin duda, se renovaba la intención de reformar los hábitos disolutos que habían ido deslizándose, con grave peligro para la virtud de las “vírgenes del Señor”. Estas mujeres, entre las que las había de recia personalidad, esgrimen sólidos argumentos para el rechazo: costumbres antiguas; necesidades de salir para recabar auxilios económicos; imposición de prohibiciones nuevas, no existentes cuando ellas profesaron, etc. Galarza compuso su texto, concebido según las fórmulas escolásticas de la “disputatio”, para responder a las objeciones de las renuentes, amenazadas incluso con la excomunión. Más fortuna que con las afectadas tuvo ante los teólogos y juristas posteriores, que utilizarán las tesis del pastor extremeño. Hasta el mismo Azorín se hace eco de la obra en el capítulo XLIII, “Monjas de Toledo”, de su libro Madrid.
Manuel Mañas recoge con su habitual rigor la historia, causas, circunstancias , contenidos principales y consecuencias de la polémica en el preliminar que pone a la edición crítica, donde reproduce facsímiles las dos entregas de Galarza (depurando erratas y adaptando la ortografía a las normas gramaticales vigentes). A la vez, adjunta una nueva traducción del opúsculo, hecha según los criterios filológicos actuales y generosamente anotada.
Aunque lo quisieron bastante más en Cáceres que en Coria, cuyos canónigos se consideraban preteridos, la capilla mayor de la catedral cauriense luce un hermoso sepulcro orante de Pedro García de Galarza.
Manuel Mañas Núñez, El obispo Galarza y las monjas de Cáceres: estudio y edición del libro De clausura monialium controversia. Cáceres, Univesidad, 2014.