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Manuel Pecellín

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EN DEFENSA DE LARGO CABALLERO

 

 

Francisco Largo Caballero (Madrid, 1869-París, 1946) fue una de las figuras españolas más relevantes en las difíciles épocas que le tocó vivir. No pocas de sus decisiones marcarían profundamente la historia de su partido (PSOE), sindicato (UGT) y la de la nación. Hombre de extraordinaria personalidad, albañil (estuquista) casi desde la infancia, autodidacta, siempre comprometido con las causas de los trabajadores y la utopía socialista, fue asumiendo responsabilidades crecientes, hasta convertirse en el primer obrero que llegaría a ser Presidente del Gobierno de España. Quien en tantas ocasiones fue proclamado como el “Lenin español”, habría de transformarse en la auténtica bestia negra para los partidos conservadores, sin que tampoco en el suyo lograse precisamente adhesiones unánimes (las discrepancias, tensiones e incluso enfrentamientos con Indalecio Prieto y Julián Besteiro, que con él conformaban la tríada suprema, serían constantes).

A mi entender, Juan Moreno ha conseguido con La leyenda negra de Largo Caballero no tanto refutar las razones en que la misma pueda fundamentarse, sino entender las actuaciones “siempre complejas, poliédricas y contradictorias” del personaje. Como las mismas no podrían comprenderse al margen de sus contextos históricos, el autor dedica más páginas a explicarnos el mismo, que  a debatir las acusaciones contra  el dirigente socialista (falta de preparación intelectual, rigidez de carácter, celotipias, incapacidad para relacionarse, carencia de autocrítica, dogmatismo et sic de coeteris).

 

Nacido en Medina de las Torres (1947), Moreno ha militado en el Partido Comunista y en Comisiones Obreras, donde asumió altas responsabilidades durante la dictadura.  Ha escrito numerosos trabajos sobre el sindicalismo español, la transición hacia la democracia, la construcción europea y diferentes personajes del Movimiento obrero (Laura Marx, Paul Lafargue, I. Prieto y el mismo Largo Caballero).

Su evidente empatía hacia lo que este último significó, no le impide marcar distancias críticas, rehuyendo actitudes maniqueas. “No soy partidario de las revanchas nominalistas que mueven a algunos sectores de la nueva izquierda”, dice en la introducción, si bien estima calumniosa “la campaña actual que presenta a Largo Caballero poco menos que como un criminal de guerra” (pág. 18)

 

Como fuentes básicas se sirve de las memorias del propio biografiado (Mis recuerdos y Escritos de la República. Notas históricas sobre la guerra de España (1917-1940), con estudio introductorio de Santos Juliá, y las Cartas a un amigo), más las dos obras de Julio Aróstegui, Francisco Largo Caballero en el exilio. La última etapa de un líder obrero (1990) y Largo Caballero. El tesón y la quimera (2013).

Las páginas más sustanciosas se dedican a las actuaciones previas a la Guerra civil en las que el personaje más se comprometió: el liderazgo de la huelga revolucionaria de 1917; las colaboraciones con el gobierno de Primo de Rivera (formó parte del Consejo de Estado); sus gestiones como ministro de Trabajo, una vez proclama la II República y el alzamiento contra la misma, que culminaría en la insurrección de 1934.

El Socialista del 9 de noviembre de 1933 reprodujo estas proclamas de Largo Caballero, similares a las que pronunció en muchos mítines, entre ellos algunos convocados en la ya excesivamente caldeada Extremadura de por entonces:

 

«Se dirá: ¡Ah esa es la dictadura del proletariado! Pero ¿es que vivimos en una democracia? Pues ¿qué hay hoy, más que una dictadura de burgueses? Se nos ataca porque vamos contra la propiedad. Efectivamente. Vamos a echar abajo el régimen de propiedad privada. No ocultamos que vamos a la revolución social. ¿Cómo? (Una voz en el público: ‘Como en Rusia´). No nos asusta eso. Vamos, repito, hacía la revolución social… mucho dudo que se pueda conseguir el triunfo dentro de la legalidad. Y en tal caso, camaradas habrá que obtenerlo por la violencia… nosotros respondemos: vamos legalmente hacia la revolución de la sociedad. Pero si no queréis, haremos la revolución violentamente (Gran ovación). Eso dirán los enemigos, es excitar a la guerra civil… Pongámonos en la realidad. Hay una guerra civil… No nos ceguemos camaradas. Lo que pasa es que esta guerra no ha tomado aún los caracteres cruentos que, por fortuna o desgracia, tendrá inexorablemente que tomar. El 19 vamos a las urnas… Mas no olvidéis que los hechos nos llevarán a actos en que hemos de necesitar más energía y más decisión que para ir a las urnas. ¿Excitación al motín? No, simplemente decirle a la clase obrera que debe preparase… Tenemos que luchar, como sea, hasta que en las torres y en los edificios oficiales ondee no la bandera tricolor de una República burguesa, sino la bandera roja de la Revolución Socialista».

 

No obstante, contra los que muchos esperaban o temían ya en plena contienda, el “Lenin” español se resistirá decididamente a seguir los dictados de Stalin y el PCE. Son tal vez los capítulos más enjundiosos de la obra, que no olvida los duros años del exilio y, especialmente, los sufridos por L. Caballero en el campo de concentración alemán de Sachsenhausen-Oranienburg desde julio de 1943 hasta su liberación por las tropas soviéticas.

Cabe resaltars otros muchos pasajes, como el de la rebeldía de Caballero ante patronos injustos; sus labores en instituciones internacionales; la amistosa relación con Federica Montseny o el programa de “Once puntos” que formulase (1945) para un programa de Transición hacia la democracia.

Queda sin aclarar su pertenencia a la Masonería, que la mayor parte de los estudiosos dan por confirmada.

 

 

Juan Moreno, La leyenda negra de Largo Caballero. Córdoba, Almuzara, 2022.

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