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Manuel Pecellín

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LAS FOSAS DEL ROMANZAL

 

Á. Sánchez Rafael (Llerena, 1967), diplomado en Enfermería, trabaja en la Unidad de Hospitalización de Salud Mental de su pueblo. Actor y director en el grupo Susurro Teatro llerenense, ha publicado Once cuentos de cuadernos y un exiemplo popular (2007) y la novela Lady Galatea )2020). Reseñé esta última en HOY (5 junio 2021), resaltando su compleja estructura narrativa. Se trata de un texto construido con voces plurales, que van recibiendo alternativamente turno, en ocasiones hasta de forma duplicada (contar lo mismo, pero desde panorámicas diversas).  Me pareció un trabajo ambicioso, fruto de sostenido laboreo, con una prosa que bascula acertadamente, según los personajes, entre el habla culta, de matices barrocos; el decir callejero y el lenguaje descarnado, incluso prostibulario. Un hermoso ejercicio de metaliteratura, especialmente atractivo para quienes se preocupan, de forma teórica o práctica, por definir las relaciones entre el artista y sus creaciones, según el célebre mito de Pigmalión.

Bien distinta es No oigo tu palpitar, que acaba de aparecer en la recién estrenada editorial madrileña Villa de Indianos. Sustentan la narración los diálogos que mantienen Estanislao Olivera, militante obrero ya metido en los noventa, con su nieto Gabriel, joven biólogo en paro. Será éste quien refiera en primera persona el fruto de tales conversaciones, alternando con el de sus propias vivencias.  Más próximo al prototipo del sindicalista ácrata (aunque se afilie al PSOE durante la transición), el hombre está hondamente marcado por dos muertes: la de su padre, un campesino afecto a la República, al que los rojos fusilan por ser católico, y la de su esposa, admirable mujer fallecida tras tantos decenios de lucha por mantener la humilde casa. Recordándola casi permanentemente, al viejo luchador se le inunda la boca con los versos del catalán Luis Martínez, que Augusto Berto airease como tango (1928), de donde la novela toma el título elegíaco.

Principia ésta con la evocación de los fusilamientos que los rebeldes franquistas desencadenaran en Llerena, que investigadores como Á. Olmedo Alonso, C. Ibarra o Laura Muñoz han estudiado. El puente del arroyo Romanzal y las fosas comunes allí cavadas, que se evocan ya desde las primeras líneas, constituyen una de los máximos lugares de ignominia en el pasado extremeño. La memoria de Estanislao, que entonces era casi un infante, proporcionará también al relator testimonios múltiples sobre los duros años de la posguerra: hambre, humillaciones, explotación, analfabetismo,  trágalas del nacionalcatolicismo, servicio militar asfixiante… Otras figuras secundarias irán apareciendo, bien perfiladas sicológicamente, como las del párroco displicente, el latifundista compasivo (a su modo), el dueño de la fábrica cervecera o el diputado frívolo. Un hermoso romances, mantenido contra viento y marea entre jóvenes de distinta clase social, simboliza una posible concilación.

El libro nos irá recordando lo que hubo que luchar para sobrevivir, hasta la sangría de la diáspora; los coletazos del tardofranquismo y el tránsito hacia la democracia . Pasajes de alto valor sociológico, aunque no falten apuntes de brocha gorda, tal vez exagerados. Pero la imaginación verosímil también importa.

Estanislao participará intensamente (los tiempos últimos, artrítico pero no desmemoriado, a base de paracetamol) en las luchas de por la Transición, sin que al autor le complazca como se llevó a cabo aquel proceso ni el régimen constitucional surgido (“la dictadura de las urnas”) o el estado de cosas actual, con el despoblamiento de la España vaciada y la dolorosa emigración de los jóvenes sin trabajo hacia las ciudades.

Con prosa muy cuidada, la novela abunda en metáforas y alegorías, sobresaliendo las de raíz campesina.  Destaca también el uso de términos antañones, que sirven de apoyatura léxica a las invocaciones en pro de mantener la memoria (musgar, besana, engaitar, exprimijo, descepar, enguachinar, empercudir y muchos otros).

 

 

Miguel Ángel Sánchez Rafael,  No oigo tu palpitar. Arroyomolinos, Villa de Indianos, 2022.

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