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Manuel Pecellín

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                                                     LA POESÍA DE JOSÉ IGLESIAS BENÍTEZ

                                  

 

 

Recién dispuesto aquel temible otoño de 2020,  en su feraz Villalba de los Barros, donde el  Pepe Iglesias vino al mundo (1955),  terminada ya la vendimia, los agricultores estaban a punto de enfrentarse a las aceitunas de verdeo.  Cuántas veces había cantado él  los sudores del campesino; la ilusión por las cosechas; el tráfago de molinos y  lagares, que tan bien conocía. Ahora, su reciente jubilación  le facilitaba los regresos al territorio de infancia y juventud, desde el Madrid donde puso hogar, como tantos extremeños de la diáspora. El maldito Covid, por entonces aún irresistible, se encargaría de romper proyectos e ilusiones, llevándoselo el 14 de octubre de aquel año ante la congoja de familiares y amigos.

Pocos hombres más afables, generosos, fieles y trabajadores que José Iglesias Benítez.  Nadie como él para desmentir el genus irritabile vatum (la casta irritable de los poetas), según Horacio (Epístolas, 2,2) caracterizó a los sembradores de versos.  No extrañará que  a Pepe lo admirasen y quisieran tantas personas. Profesor de EGB, licenciado en Historia del Arte, los “hogares extremeños” de la periferia de Madrid encontrarían siempre al hombre preciso para organizar publicaciones, concursos literarios, festivales, excursiones al terruño y cualquier acción apta para mantener las raíces.  La Casa de Extremadura de la Gran Vía madrileña (nº 59) y la Asociación Cultural Beturia constituyen los dos máximos referentes de tan infatigable laboreo, mantenido durante décadas.

Tal vez  la entrega indeclinable a los demás supuso cierto óbice para desarrollar la propia escritura, si bien nos ha dejado una rica obra literaria. El empeño de Ricardo Hernández Megías, mantenedor de tantas labores antes emprendidas por su casi paisano, ha permitido la edición de este formidable volumen (626 páginas más índices), recopilación de toda la poesía publicada por Iglesia Benítez.  Para localizar la que apareciese dispersas en periódicos, boletines y revistas, el editor tuvo el apoyo de numerosos amigos comunes, cuyos nombres constan en el preámbulo.  Y dos de los que trataron más cercanamente al poeta, también ellos excelentes escritores, suscriben sendos estudios sobre la poética del vate desaparecido, adjuntos como prólogo (Pablo Jiménez) y epílogo (Juan C. Rodriguez Búrdalo). El primero, sin olvidar las consideraciones sobre el personaje, se adentra en el análisis formal de las obras; el segundo también lo hace, pero centrándose más en la humanidad del autor.

Siete son los poemarios que José Iglesias publicase (más un buen número de plaquettes, separatas y colaboraciones en obras colectivas o antologías), con pausas en ocasiones bien dilatadas: Cuando el amor me llama (1984), En esta lenta soledad del día (1988), Clamor de la memoria (1998), Ritual de la inocencia (2005), Revelaciones (2007), La luz en el espejo (2015) y El libro de los retablos (2018).  Son treinta años de versos, sin apenas alteraciones, si no es una perceptible depuración del lenguaje y creciente intensidad expresiva.

Reunidos aquí, junto con las entregas menores y las dispersas en tantos medios (resaltaré el periódico HOY; Oeste Gallardo, boletín de la UBEx y el de la RAEEX), nos permiten confirmar que el virus nos arrebató uno de los poetas más profundos de la Extremadura contemporánea. De voz clara y contenida, más afecto a la métrica clásica que al verso libre (sus sonetos son de indiscutible perfección), cargado de emociones (el amor, la solidaridad, la tierra matria, la denuncia de las injusticias), con leves toques surrealistas y enorme facilidad metafórica,

“José Iglesias Benítez fue un poeta en la ancha y en la estrecha acepción de la palabra. Y podrá comprobarlo todo el que, sin prejuicios, se abandone a la lectura de este libro”, concluye Pablo Jiménez su estudio.  Por su parte, el de Rodríguez Búrdalo finaliza así: “ Extremeño como yo; tan metido en ausencias como yo acostumbro; tan hermano en la distancia cuanto abraza el aliento oblicuo de la diáspora, cuanto le dicta el corazón aquel Oeste nuestro de cales abrasadas, de cielos tan azules…”.

José Iglesias Benítez, Obras poéticas publicadas. Madrid, Beturia, 2022.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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