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Manuel Pecellín

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            LA TRANSICIÓN Y NOSOTROS, QUE LA QUISIMOS TANTO

 

Esta obra es el relato fiel, aunque en modo alguno frío ni aséptico, de las experiencias vividas por el autor en torno a un acontecimiento trascendental para la historia de España: el tránsito feliz desde la dictadura franquista, al régimen democrático, con la nueva Constitución de fondo.

Conviene destacar algunos rasgos del narrador. Nacido en Santiago del Campo (1943), pero adoptado por Garrovillas, hijo, nieto y biznieto de guardias civiles, estudió Humanidades en el Seminario de Plasencia. Tras obtener la licenciatura de periodismo, ha desarrollado una carrera profesional extraordinaria. Aunque sospechoso de “desafecto al régimen”, obtuvo muy joven acreditación ante la Casa Militar de Franco, lo que le facilitaría escribir sobre acontecimientos importantes del antiguo régimen. “Conocí e informé sobre Franco, Carrero Blanco, Arias Navarro, Fernández-Miranda, Adolfo Suárez, Santiago Carrillo, Fraga, Felipe González, Aznar, Zapatero y Rajoy…”, leemos en las páginas iniciales.

Aquejado desde muy joven de un síndrome existencial por el futuro de España” (y, más, de Extremadura Julián ha trabajado en información política, preferentemente parlamentaria, para los periódicos y agencias más importantes. Fue coordinador del Centro de Prensa del Reférendum constitucional del 78 y estuvo durante casi cuatro años en la Moncloa como director de los Servicios Informativos y, más tarde, como director general de Relaciones Informativas, durante los gobiernos de Adolfo Suárez.

Se confiesa, por activa y pasiva, defensor acérrimo de la Transición: “Las Dos Españas dialogaron, pactaron y convivieron en un clima de libertad y tolerancia, dando origen al periodo más fecundo de nuestra historia”. A la vez que lo cuenta, no deja de construir símiles antitéticos con acontecimientos y personajes de la actualidad. Me parece muy agudo el análisis de los siete factores que, a su entender, facilitaron la Transición o “demolición controlada de la dictadura”, desde dentro: el miedo a un futuro de confrontaciones, el peso creciente de las clases medias, el descrédito del franquismo, la influencia de las potencias occidentales, la altura de clase política que la protagonizó, el interés de los cortesanos por sobrevivir y aquel ambiente general de euforia democrática.

Sin callar las contradicciones e incluso miserias del proceso, que también las hubo. Según el ensayista, lo más grave para el afianzamiento de la democracia fueron la corrupción; el empecinamiento criminal de ETA; las veleidades del hoy rey emérito o las fallidas  soluciones para dos de los clásicos problemas españoles: las autonomías y la reparación de las  heridas de la  guerra civil última.

El núcleo de esta historia de España, siempre con información de primera mano, lo constituyen las páginas dedicadas a los “siete magníficos” que la hicieron posible: el Rey Juan Carlos, Torcuato Fernández Miranda (“nuestro Maquiavelo particular”), Fraga Iribarne, Santiago Carrillo, Felipe González, y, claro está, Adolfo Suárez.  Pero sin olvidar otros personajes del entorno (Carrero Blanco, Luis María Ansón, Marcelino Camacho, Gutiérrez Mellado, Abril Martorell, Leopoldo Calvo Sotelo).

SI impresionan los apuntes ante el atentado contra Carrero Blanco

o el relato de sus propias vivencias durante la tarde-noche del 23, capítulo excepcional es el titulado “Trabajar en la Moncloa”. Resultan impagables sus anotaciones sobre Adolfo Suárez, a quien tan estrechamente trató y “a quien levantarían un monumento con las mismas piedras que sobraron para lapidarlo”.

Se nos dice que conservaba bastantes vestigios de su pasado, pero lo adornaban cualidades únicas, que explican cómo hizo posible el “harikiri” franquista: enemigo acérrimo de trámites y burocracias; hábil para gestionar problemas y contradicciones; con el desparpajo, la frescura, la desinhibición del genial improvisador y estratega; maestro en gestionar los tiempos y las oportunidades. Fue un gran improvisador  , que acomodaba sus decisiones a los avatares de cada día. En resumen, una de las personalidades más sobresalientes de la historia española del siglo XX. Este político seductor tuvo, sobre todo, empeño en favorecer la estabilidad de la monarquía democrática de Juan Carlos (que no le pagó nada bien).

Pasajes especiales del libro nos recuerdan los apuros del periodista para redactar, sin repetirse, las condenas del Gobierno (Suárez) contra los frecuentísimos atentados de la banda asesina, o escribir la nota de prensa por la que el Presidente anunciase su dimisión (29 enero 1981).

Dueño de una prosa excelente, relata anécdotas deliciosas y significativas. Por ejemplo,  el espanto de su padre cuando recibe a los policías llegados a casa para recabar informes del el hijo;  o el rechazo de éste ante el preboste del viejo régimen que pretendía forzarle a levantar el brazo en un mitin franquista (tan frustradamente como otro quiso tirar al suele al  enjuto general);  el rechazo de un sobre con dinero corrupto; su viaje a Bonn para estudiar la organización de los servicios informativos de la Alemania Federal, o como ofreció su nombre para cerrar la candidatura de la UGT  en las primeras elecciones celebradas en la agencia EFE, vista la escasez de interesados.

Aunque, tan prudente, deja en guiños ciertas informaciones, nada fáciles de interpretar. Y su misma honestidad lo induce a apenas pronunciarse sobre las actividades de las que no fue testigo directo o protagonista y que también ayudaron a la transición, v.c., las organizadas en la clandestinidad por los partidos, sindicatos, grupos cristianos de izquierda.

-El volumen concluye con un valioso apéndice, que incluye dos apartados: cronología de la Transición y un índice onomástico.

 

 

José Julián Barriga Bravo, En defensa de la Transición. Memoria de in testigo afortunado. Madrid, SIAL/Pigmalión, 2023.

 

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