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Manuel Pecellín

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                  PASIONES ANCESTRALES

 

 

 

A Damián Gallego García, natural de Jaraicejo (1954), residente en Cáceres, lo conocíamos como acreditado ginecólogo (el Colegio provincial de Médicos le concedió el año 2023 la medalla al mérito por sus valores profesionales y humanos) y persona de grandes inquietudes sociales (fundó el 2009 la ONG “Extremayuda”, destinada al apoyo de los más necesitados). De ambas facetas, la profesional y la filantrópica, hay abundantes reflejos en La serpiente interior, su primera incursión en el terreno de la creatividad literaria. Se nos muestra aquí como “un narrador maduro y ambicioso, capaz de levantar la peripecia vital de unos personajes subyugantes en un mundo hostil, áspero e implacable”, escribe un sorprendido José Luis Bernal en el texto de contracubierta.

Efectivamente, atraen la atinada estructura de esta ópera prima la brillantez de las descripciones; la caracterización de los protagonistas; el manejo de las múltiples voces concitadas y el dominio del lenguaje, sobresaliente en el uso de vocabulario repleto de arcaísmos (como lo es el mundo agroganadero donde se inscribe), el refranero español y las referencias etnográficas.

El relato se desarrolla, con circunstanciales excursos a Madrid o Uruguay,  en un latifundio del norte extremeño, término de Almontejo, tierras de Turgalillo (Trujillo, sin duda), a finales del XIX y primer tercio del XX.  En la Carrascosa, su cortijada, concurren pastores, porqueros, guardeses, encargados, administradores, mozos y criados bien avenidos. Se reconocen con mejor fortuna que tantos otros jornaleros, siempre con el fantasma del hambre amenazándoles sus míseras viviendas. Si hasta allí no parecen llegar los ecos de las luchas de clase; las ideologías evolucionarias o las protestas campesinas, es por la insólita buena conducta de los amos, un ingeniero bilbaíno y su compasiva mujer, residentes en Madrid, aunque atentos a la finca y sus trabajadores.

Pero no es que todo sea paradisíaco en las dehesas. La “serpiente interior” que, según leyenda guaraní evocada, todos llevamos dentro, hará que se desaten pasiones furibundas, explicables a veces (v.c., contra los Melero, caciques insufribles), inauditas, otras. Así son las que van a martirizar a los dos gemelos, Vicente y Benjamín, personajes céntricos de la obra.  Nacidos en un parto cuya descripción parece de algún modo inspirada en “La Nacencia” de Chamizo, al primero lo corroerá desde la niñez un odio visceral contra quien compartiese placenta, cuidadores, amistades, colegio e incluso novia (o algo así). Toda una vida de enfrentamientos, con peripecias múltiples, que los conducirán incluso al exilio en Montevideo.

Mujeres admirables, más o menos próximas, los acompañan y asisten,  desde la cuna hasta la madurez. Constituyen modelos de generosidad e inteligencia femeninas, en tiempos tan duros. Paulina, madre luchadora y abnegada; tía Fulgencia, gobernanta de la Casona, casi analfabeta, pero siempre lúcida; doña María, comadrona vocacional; Pastora, brava cíngara, reducida a esclavitud, madre de Valentina, hermosa joven por la que van a competir los gemelos; la dueña misma del latifundio o Ana, la última mujer que podría solventar las pugnas fraternales, constituyen paradigmas convincentes de la época.

Entre los hombres, van apareciendo algunos tan esperpénticos como D. Pedro, un párroco montaraz e iracundo, o el miserable Graciano Melero, frente a otros de enorme nobleza. Ninguno como D. Esteban, el único maestro del poblacho, infatigable en sus afanes pedagógicos, que intuye e impulsa pronto los valores de Benjamín (aquejado de epilepsia y desarrollo infantil tardío). Sus sensatas y valientes actuaciones hacen recordar a menudo la figura de otro colega, Juan Cidoncha, presentado en Jarrapellejos, la novela clásica contra los caciques extremeños, compuesta por Felipe Trigo en los años que Damián Gallego ubica la suya. (Con el nombre de Esteban presentaba el médico villanovense al joven estudiante, su propio sosias, de En la carrera).

 

 

Damián Gallego García, La serpiente interior. Madrid, Pimalión, 2023.

 

 

 

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A Damián Gallego García, natural de Jaraicejo (1954), residente en Cáceres, lo conocíamos como acreditado ginecólogo (el Colegio provincial de Médicos le concedió el año 2023 la medalla al mérito por sus valores profesionales y humanos) y persona de grandes inquietudes sociales (fundó el 2009 la ONG “Extremayuda”, destinada al apoyo de los más necesitados). De ambas facetas, la profesional y la filantrópica, hay abundantes reflejos en La serpiente interior, su primera incursión en el terreno de la creatividad literaria. Se nos muestra aquí como “un narrador maduro y ambicioso, capaz de levantar la peripecia vital de unos personajes subyugantes en un mundo hostil, áspero e implacable”, escribe un sorprendido José Luis Bernal en el texto de contracubierta.

Efectivamente, atraen la atinada estructura de esta ópera prima la brillantez de las descripciones; la caracterización de los protagonistas; el manejo de las múltiples voces concitadas y el dominio del lenguaje, sobresaliente en el uso de vocabulario repleto de arcaísmos (como lo es el mundo agroganadero donde se inscribe), el refranero español y las referencias etnográficas.

El relato se desarrolla, con circunstanciales excursos a Madrid o Uruguay,  en un latifundio del norte extremeño, término de Almontejo, tierras de Turgalillo (Trujillo, sin duda), a finales del XIX y primer tercio del XX.  En la Carrascosa, su cortijada, concurren pastores, porqueros, guardeses, encargados, administradores, mozos y criados bien avenidos. Se reconocen con mejor fortuna que tantos otros jornaleros, siempre con el fantasma del hambre amenazándoles sus míseras viviendas. Si hasta allí no parecen llegar los ecos de las luchas de clase; las ideologías evolucionarias o las protestas campesinas, es por la insólita buena conducta de los amos, un ingeniero bilbaíno y su compasiva mujer, residentes en Madrid, aunque atentos a la finca y sus trabajadores.

Pero no es que todo sea paradisíaco en las dehesas. La “serpiente interior” que, según leyenda guaraní evocada, todos llevamos dentro, hará que se desaten pasiones furibundas, explicables a veces (v.c., contra los Melero, caciques insufribles), inauditas, otras. Así son las que van a martirizar a los dos gemelos, Vicente y Benjamín, personajes céntricos de la obra.  Nacidos en un parto cuya descripción parece de algún modo inspirada en “La Nacencia” de Chamizo, al primero lo corroerá desde la niñez un odio visceral contra quien compartiese placenta, cuidadores, amistades, colegio e incluso novia (o algo así). Toda una vida de enfrentamientos, con peripecias múltiples, que los conducirán incluso al exilio en Montevideo.

Mujeres admirables, más o menos próximas, los acompañan y asisten,  desde la cuna hasta la madurez. Constituyen modelos de generosidad e inteligencia femeninas, en tiempos tan duros. Paulina, madre luchadora y abnegada; tía Fulgencia, gobernanta de la Casona, casi analfabeta, pero siempre lúcida; doña María, comadrona vocacional; Pastora, brava cíngara, reducida a esclavitud, madre de Valentina, hermosa joven por la que van a competir los gemelos; la dueña misma del latifundio o Ana, la última mujer que podría solventar las pugnas fraternales, constituyen paradigmas convincentes de la época.

Entre los hombres, van apareciendo algunos tan esperpénticos como D. Pedro, un párroco montaraz e iracundo, o el miserable Graciano Melero, frente a otros de enorme nobleza. Ninguno como D. Esteban, el único maestro del poblacho, infatigable en sus afanes pedagógicos, que intuye e impulsa pronto los valores de Benjamín (aquejado de epilepsia y desarrollo infantil tardío). Sus sensatas y valientes actuaciones hacen recordar a menudo la figura de otro colega, Juan Cidoncha, presentado en Jarrapellejos, la novela clásica contra los caciques extremeños, compuesta por Felipe Trigo en los años que Damián Gallego ubica la suya. (Con el nombre de Esteban presentaba el médico villanovense al joven estudiante, su propio sosias, de En la carrera).

 

 

Damián Gallego García, La serpiente interior. Madrid, Pimalión, 2023.

 

 

 

 

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