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Manuel Pecellín

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                                                ESCUCHANDO A LAS GRULLAS

 

Natural de Badajoz (1960) y residente en Madrid, Alonso Ayala es licenciado en Ciencias Económicas y Derecho. Censor Jurado de Cuentas, entre sus múltiples dedicaciones cabe destacar que ha sido presidente y cofundador de Auren (primera firma española de servicios profesionales); árbitro de la Corte de Arbitraje de la Cámara de Comercio e Industria madrileña y presidente del Instituto de Censores de Jurados de Cuentas de España. Ha ejercido también la docencia como profesor de Contabilidad y Auditoría de cuentas en la Universidad de Alcalá y director del Master de Responsabilidad corporativa de la EOI (Escuela de Organización Industrial). Como contrapunto festivo, anotemos su activa participación en la “movida madrileña” de los ochenta, con el grupo Mario Tenia y los Solitarios.  De ambas proyecciones, economía y espectáculos, suele sacar sólidos mimbres para construir sus obras literarias, sin omitir la pasión que sigue experimentando por las dehesas de Extremadura, rincones paradisíacos donde a menudo se le localiza.

Mario Alonso ha ido incrementando durante el lustro último la producción literaria que iniciase con Relatos liberados (2013) y Bandera blanca (2017). En Almuzara, su casa editorial, han ido apareciendo No esperes que el tigre se vuelva vegetariano (2018), Cuando el silencio miente (2019) y Chao (2021), a la vez que participaba en obras colectivas: Tengo algo que decirte (2018), Una casa en ruinas (2020) y Cosas que hacer cuando me dejes (2022).

El lamento de la grulla mantiene el “aire de familia” perceptible en dichas entregas, demostración de que estamos ante un novelista maduro, dueño de un estilo propio, extraordinariamente ágil para recrear personajes y ambientes cuyos rasgos conoce a la perfección. Sirviéndose de una técnica discursiva similar a la del cine, reúne hasta una cincuentena de fotogramas, que se suceden con enorme agilidad y sin aparentes conexiones, para construir un relato vigoroso, con apenas dos centenares de páginas.

Resultan suficientes para construir, en medio de numerosos guiños, feedbaks, equívocos y suspenses, una obra coral, aunque tres protagonistas van a erigirse en el epicentro. Más que ninguno, César, un tiburón de las finanzas, libertino cacique provinciano, con aspiraciones políticas (pretende ser alcalde de Valladolid, ciudad donde se enmarca la novela). Aunque estime que controla todos los resortes, se le irán escapando, hasta terminar en la cárcel, si bien acusado de un crimen ajeno. Su mujer, Teresa, pacata y conservadora, no se queda atrás en ningún sentido. No es raro que de los dos hijos, gemelos, a Carola la inunden las depresiones  y Álex, drogadicto inútil, termine suicidándose (o eso parece). Ilo, la niña báltica que adoptaron, guarda contra el padre un secreto terrible y prefiere marchar a Londres para buscar el olvido, tal vez la venganza.  Su monólogo interior lo descubre. De la corte de abogados, economistas, agentes de publicidad y secretarias que sirven al magnate, un misterioso escritor, con cáncer terminal, irá desvelando entre consideraciones metaliterarias sus culpabilidades.

Aunque el novelista refleja un pesimismo antropológico profundo, se escapan del mismo varios personajes secundarios: Ambrosio, el humilde cazador de conejos, que se expresa en habla vulgar; Alison, la lúcida senegalesa que huye a Gran Bretaña para rehuir condiciones ominosas ; Luis, el  precavido teniente de la guardia civil y, sobre todo, el matrimonio de humildes emigrantes venezolanos,  Rogelio y Rosángela, víctimas también de la prepotencia capitalista en el domicilio de César/Teresa, la cosa menos parecida a un hogar.  escribió J.Á. Juristo en el ABC Cultural. 

Se distingue también por el hábil manejo de las distintas voces: narración, confesiones,  soliloquio, relato zombi  (un muerto cuenta su funeral) y muy especialmente los vibrantes diálogos, plenos de actualidad y verosimilitud. Las referencias musicales se multiplican.

Sin bien el autor no pretende ningún tipo de denuncia o moralina explícitas, resulta fácil deducir sus opiniones y sentimientos frente a empresarios y políticos sin escrúpulos; actitudes machistas; desprecio a los emigrantes y concepciones culturales arcaicas. Las grullas emiten quejidos de advertencia cuando perciben las amenazas.

 

Mario Alonso Ayala, El lamento de las grullas. Córdoba, Almuzara, 2024

 

 

 

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