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Manuel Pecellín

Libre con Libros

   A VUELTAS CON EL CURA MORA

                                 

Aparece la parte última de la trilogía Sueños de redentor, novela con la que el autor ha querido fijar la memoria de un personaje extraordinario, cuyas actividades, pensamiento y publicaciones bien conoce. A tan singular protagonista, José García Mora (Plasencia, 1829-1910), más celebrado como “El cura Mora”, le dedicó Paul Dochon un estudio pionero, “Un curé ´libéral` sous la révolution de 1868: Don José García Mora” (Cfr. Clara E. Lida e Iris M. Zavala, La revolución de 1868. New York, Las Americas Publishing Company, 1970, pp. 273-292). Compuso la biografía del personaje, poco afortunada, Diego Blázquez Yáñez: El Cura Mora, liberal y cismático, en la Alta Extremadura (Madrid, 1983). Diferentes escritores nos hemos ocupado del mismo, recogido ya por M. Menéndez y Pelayo en su implacable Historia de los heterodoxos españoles (Madrid, BAC, t. II, 1956) y sin duda atraerá el interés de cuantos se aproximen a los ensayos, artículos de prensa que escribió (funda y dirige el periódico Los neos sin careta) o consulten los fondos que de su archivo se guardan hoy en la Biblioteca de Extremadura.

Para hacerse una idea de la avanzada mentalidad de este presbítero, aconsejaríamos la lectura de los “Estatutos de la Iglesia Cristiana-Liberal de Villanueva de la Vera”, cuya parroquia regentaba, y de los que reproduciré sólo algunos de sus 14 principios: 1º.- El ministerio sacerdotal se ejerce gratis en esta Iglesia, conforme lo hicieron y mandaron Jesucristo y los Apóstoles. 2º.-En su virtud, quedan abolidos los derechos llamados de estola, de pie y de altar en la Iglesia Cristiana-Liberal de Villanueva de la Vera.  6º.- Los sacerdotes de la Iglesia Cristiana-Liberal tampoco podrán recibir sueldo alguno del Estado, aun cuando llegara a ofrecérseles. 7º.- Los mismos sacerdotes tendrán un cuidado especial de los pobres y desvalidos como lo tuvieron y mandaron se tuviera el divino Fundador Jesús y los Apóstoles, intercediendo ante las autoridades locales para que se les ampare y socorra en la parte que ellos no puedan hacerlo por sí. 12º.- Como se ha dicho, los sacerdotes de la Iglesia Cristiana-Liberal no percibirán ni un céntimo por ejercer su ministerio, manteniéndose sólo de su patrimonio y de una industria honesta y lícita, como hacían los Santos Apóstoles. 14º.- Los sacerdotes de la Iglesia Cristiana-Liberal son en todo iguales a los demás fieles en cuanto a rango y consideración social, y se titularán Hermanos Directores en conformidad con las obras y doctrinas de Jesucristo y sus Apóstoles.

José García, doctor en teología y derecho canónico, llegó el año 1857 a Villanueva de la Vera, donde produjo una auténtica revolución. Y no sólo espiritual. Aceptó formar parte como síndico del Ayuntamiento y desde allí mejorar las condiciones materiales de la villa: traer agua al pueblo, arreglar los caminos, hacer puentes, fundar escuelas y esforzarse por conseguir tierras para los desheredados. Fácil resulta imaginar los enfrentamientos que tuvo con las autoridades civiles y eclesiásticas, de todo lo cual se recibe detallada información en la trilogía de Fulgencio Castañar, sin renuncia a las libertades lógicas de toda novela.

Catedrático de Literatura, nacido (1945) en el lugar de los hechos narrados, es seguramente el máximo conocedor de la comarca verata, sobre cuya historia y antropología ha escrito numerosas investigaciones, entre ellas El Peropalo, un rito de las España mágica (Mérida, ERE, 1986). Todo ello sin extender la vista más amplios horizontes, según demostrase en su tesis doctoral El compromiso en la novela española de la II República (Siglo XXI Editores, 1992).

Si en el volumen I, Retablo de gente insignificante, se aborda la llegada del nuevo párroco y el v. II, Jalones de una vida, se centra en cómo el presbítero va transformando su ideología conservadora según avanzan los tiempos, aquí lo vemos ya convertido, al borde de la Revolución de 1868 y el Sexenio Democrático, en un fervoroso defensor de las tesis republicanas. Junto al ilustrado clérigo, aquí D. Senén, aparecen personajes que representan bien la idiosincrasia popular, más otros de peso en la Alta Extremadura decimonónica (Evaristo Sánchez Pinto, Juan González Hernández, Godínez de Paz). Cabe pensar otro volumen, inspirado en los lustros finales de un hombre quizá ya vencido por las circunstancias adversas.

El novelista alterna con habilidad registros expresivos variados, con dos dominantes: la voz del narrador omnisciente y las numerosas interpelaciones que, como inicio de un diálogo resuelto en monólogos, dirige a su mudo protagonista, haciéndolo así mucho más presente. Se adjuntan apuntes, reales o imaginados, del supuesto diario y artículos del sacerdote. Los usos y costumbres de la época están recogidos con el acierto del etnógrafo atinado, quien, por otra parte, domina el lenguaje popular y gusta recurrir al modo cervantino de refranes, tópicos, decires y creaciones folclóricas.

 

Fulgencio Castañar, Sueños de Redentor. III: La quiebra de una ilusión colectiva. Cáceres,Ediciones Veragredos, 2025

 

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