>

Blogs

Manuel Pecellín

Libre con Libros

EL FABULARIO DE HOCHANDÍ

 

La utilización de seudónimos es clásica en la historia del arte y muy especialmente en la literatura. Escritores ha habido muchos que, por razones distintas, se sirvieron de un nombre falso a la hora de firmar sus creaciones. En épocas de censura, resulta un recurso comprensible y a veces se sigue debatiendo quién se oculta tras la ficción nominal. Por poner un ejemplo, aún no se sabe quién fue ese Reginaldus Montanus (¿Casiodoro?) que aparece en la cubierta de Sanctae Inquisitionis Hispanicae Artes (Heidelberg1567), el primer libro contra la Inquisición española.

Más complejo resulta el fenómeno de la heteronimia, que con Fernando Pessoa alcanzará un punto álgido. Se fingen identidades no simplemente por ocultar la propia, sino engendrando otra imaginaria, con cuya biografía, personalidad o estilo siente asimilarse el creador oculto a la hora de componerlas.

Podríamos estar ante hecho semejante. Hace un lustro, nos sorprendió agradablemente Poesía elemental, que firmaba Demetrio Meléndez Ruiz, autopresentado como un profesor que enseñaba con sumo ingenio los componentes de la tabla periódica. Dos años después, apareció con idéntica firma la novela 227 páginas, autobiografía de un personaje cuarentón, al que en una reseña (HOY, 20-I-24) califiqué como paradigma del antihéroe contemporáneo. Aunque estudió COU, no quiso ir a la Universidad y trabaja como vendedor, merced a recomendaciones familiares, en un concesionario de vehículos de segunda mano localizado en Colmenar Viejo (Madrid). Ya metido en los cuarenta, se relaciona bien con los escasos compañeros, sobre todo la admirable amiga (santa) Mónica y soporta como mejor puede al empresario, cuya verborrea barroca, casi gongorina, es uno de los aciertos del libro.

Acabamos de leer Estancias, de Manuel Hochandí. Es el nuevo heterónimo de quien había escrito las dos obras antes citadas, Francisco M. Muñoz Méndez, nacido (1968) y criado en Zafra, donde reside, ya jubilado, tras haber ejercido como profesor de Historia en varios Institutos. La edición de las tres publicaciones dichas ha sido cuidada por el polifacético Francisco José Najarro Lanchazo, también zafrense (n. 1987) y responsable en España de RIL Editorial.

Ya en el título de este poemario, tan original por razones múltiples, aparece uno de los recursos que más nutren sus versos, la polisemia. De los diez significados que al término  “estancia” atribuye el Diccionario de la RAE, aquí se toma el que señala en tercer lugar: Permanencia durante cierto tiempo en un lugar determinado. Para tomar el pulso lírico al sentido de la vida, el meollo de la existencia, el autor va deteniéndose en cada una de sus 30 poemas sobre otros tantos seres, bien clasificados, según su tiempo de vida, cronológicamente referidos. Se cantará así a especímenes que solo gozan de escasos minutos (la Ephemera dánica o mosca de mayo; la típula oleracea o la mosca del vinagre, Drosophila melanogaster); algunas de mayor consistencia existencial (la rana de la madera, el pulpo, el pingüino emperador); los más próximos a la especie humana (el bonobo), hasta los que parecen tener los secretos de la longevidad (la almeja de Islandia, el alerce patagónico), que concluyen con la turritopsis o medusa inmortal.

Tras cada composición, un código QR proporciona las oportunas imágenes para los lectores desinformados (que seremos la mayoría). Y, como temeroso de que incluso así la carga críptica de los versos no quedaría develada, Hochandí adjunta a todos los poemas una extraordinaria apoyatura de notas explicativas. El derroche de erudición histórica, científica y literaria es sencillamente impresionante. Son tan amplios los textos de su hermenéutica, que a menudo duplican la extensión del poema, necesitándose así la repetición del mismo para facilitar la lectura sinóptica.

Otra curiosidad del libro: el primer verso de todos los poemas es la cita literal de una obra admirada por Hochandí, quien se encarga de ofrecer extensa información sobre la misma. Entre los más grandes escritores evocados, españoles y extranjeros, ha querido rendir también este homenaje de transliteración a sus amigos de Zafra (el foco más activo, junto con Plasencia, de creadores extremeños): Dulce Chacón, Luciano Feria y Benito Estrella (sin olvidar a Rafael Chirbes, que vivió al lado, en Valverde de Burguillos, durante dos largos lustros).

  1. M. Méndez, maestro de metáforas, alegorías y personificaciones, nos regala a través de su heterónimo un singularísimo poemario, con lectura asistida, que, ajeno a cualquier moralismo, induce sutilmente a reflexionar sobre la condición humana.

 

 

Manuel Hochandí, Estancias. Santiago de Chile/Barcelona,  RIL Editores, 2026

 

 

 

Temas

Blog dedicado a la literatura de Manuel Pecellín

Sobre el autor