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Manuel Pecellín

Libre con Libros

LOS ILUMINADOS DE LLERENA

-Fernández Prieto, Lorenzo, Un legado inesperado. Dexados. Mérida, ERE, 2026

 

Capital de la Campiña Sur, en las estribaciones metalíferas de Sierra Morena, que los Romanos minasen y administraban metódicamente desde la asombrosa Regina, Llerena cuenta con un patrimonio arqueológico, arquitectónico e histórico inigualable. Conquistada a los moros por Pelai Pérez Correa, el gran guerrero cuyo sepulcro enriquece el cercano monasterio de Tentudía, pasó a ser residencia habitual para los poderosos Maestres de la Orden de Santiago. Próxima a la Vía de la Plata, con una fuerte aljama judía, bien relacionada ante los comerciantes de la cercana Sevilla, llegó a ser una de las ciudades más pobladas e influyentes de Extremadura. Allí se instalaría (actuaba ya en 1488, me informa L. Garraín) el Tribunal de la Inquisición (el cuarto de España con jurisdicción más extensa); pondrán sede los Fugger, ricos banqueros alemanes; vivirán los miembros de la influyente familia Zapata, así como el pintor Zurbarán, y será la cuna de importantes escritores (narradores, poetas, juristas, cronistas de Indias, maestras, teólogos).

De todo ello contamos hoy con notables estudios, gracias especialmente a la Sociedad Extremeña de Historia, cuyas Jornadas anuales y publicaciones periódicas, que alientan desde hace dos largos decenios los profesores de la zona, coordinados por el infatigable Dr. Felipe Lorenzana, constituyen un fondo bibliográfico preciosísimo. Repercusiones extraordinarias han tenido algunos acontecimientos relacionados con Llerena, como el célebre proceso inquisitorial contra los Iluminados (s. XVI) o la aparición contemporánea de centenares de cadáveres, en parte momificados, bajo una de las bóvedas de la hermosísima torre parroquial que preside la deslumbrante plaza mayor. Como tantas poblaciones, conserva también una riqueza etnográfica singular.

Son quizás demasiados mimbres para un solo cesto. Se ha atrevido a combinarlos todos en su ambiciosa entrega Lorenzo Fernández Prieto y no nos cabe sino elogiar el libro, texto a caballo entre la novela histórica, el ensayo sociocultural y el género negro. Adolece, a nuestro entender, de excesiva amplitud temática, con detrimento del rigor científico y de falta de lima que le evitase las abundantes erratas y fallos estilísticos. No obstante, su lectura nos ha resultado instructiva y amena.

La narración está estructurada a dos niveles. La parte principal la asume el joven plumilla del ABC, que llega desde Madrid para componer un reportaje periodístico sobre los cadáveres de la torre y el tratamiento de la Inquisición a los “dexados” (así se conoce también a los iluminados o alumbrados) de Llerena, ciudad donde el periodista, ahora residente en Madrid, nació y vivió sus primeros años. Resulta que con el mismo nombre de “dexados” se reconoce un grupo de los clásicos caciques, ahora reconvertidos en narcotraficantes y mafiosos, miembros algunos de una ancestral progenie, los Guzmán, a la que también pertenece el protagonista. Este irá refiriendo en primera persona las múltiples peripecias que habrá de sufrir, a la vez que recupera sensaciones infantiles. Personajes secundarios le ayudarán a superarlas. Entre ellos, sobresalen Beatriz, mujer libérrima en el avispero local, cicerone privilegiada; el joven párroco, D. Néstor, también retratado con los mayores elogios, o África, la peculiar compañera fotógrafa.

Alternativamente, el autor nos retrotrae al siglo XVII para presentar a otra dómina llerenense ilustre, Catalina Clara Ramírez de Guzmán (1618-1684).  Desde los estudios pioneros de Joaquín Entrambasaguas a los recientes de  Karl McLughlin (ERE, 2010), el interés por la escritora surextremeña no ha hecho sino aumentar. Elogiada por sus poemas (se reproducen varios), no ha podido encontrarse El Extremeño, obra que compuso en defensa de un familiar tan célebre como polémico, Alonso Ramírez de Prado (1549-1608). Lorenzo Fernández hace que el protagonista localice el manuscrito inédito de aquella obra en el casoplón llerenense heredados de sus mayores. No será el único hallazgo de este género. Rizando el rizo, localizará oculto en una gárgola erótica de la iglesia de Montemolín, no sin riesgo físico, la papeleta donde Reginaldus Montano (Casiodoro de Reina, el traductor de la Biblia del Oso) advierte con lenguaje críptico cómo hallar libros y un icono herético prohibidos por la Inquisición.

Agustín Romero Barroso (Llerena, 1955-2018), quizás el escritor extremeño más iconoclasta, dio a luz la obra Quaderno de dexados, con que el periódico Extremadura obsequiase a los lectores (1986).  Quizás sea la ocasión de complementar con su lectura la novela de F. Prieto. Y convendría entender que las comunidades “alumbradas” del XVI, actuantes en numerosas poblaciones surextremeñas,  no eran  simples grupos de personas disolutas, sino que constituyen un movimiento espiritual con profundos planteamientos filosóficos, teológicos y socioculturales, próximos a las ideas difundidas por la Reforma protestante.

-Fernández Prieto, Lorenzo, Un legado inesperado. Dexados. Mérida, ERE, 2026

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