LAS AMISTADES DE ÁNGEL DEL RÍO (Lorca)
Ángel del Río (Soria, 1901 – Nueva York, 1962), catedrático de Lengua y Literatura españolas de Columbia University en Nueva York; director del Instituto Hispánico en USA y de la revista Hispánica Moderna; autor prolífico, contribuiría como pocos a difundir por medio mundo las obras de nuestros escritores a través de clases, conferencias, cursillos y estudios múltiples. Los más conocidos seguramente son su Historia de la literatura española (1948) y Vida y obras de Federico García Lorca (1952).
Con el poeta granadino, a quien condujo entre asombros por las calles de Nueva York, profesaría honda amistad. La tuvo también con otros grandes creadores, especialmente los del exilio republicano en América. Durante los años más críticos que le tocó vivir (crac del 29; guerra civil española; guerra mundial; primer franquismo), Del Río se esforzó por mantenerse fiel a los ideales progresistas de su juventud, aunque sin incurrir en dogmatismos alienadores. Y siempre prestó ayuda, en la medida de sus posibilidades, a los más necesitados. El cáncer inmisericorde, detectado al llegar a París para impartir un cursillo universitario, cortaría los alientos de aquel fumador empedernido, trabajador incansable, estoico y lúcido hasta los días últimos.
Lo rescata de las nieblas de la historia su paisano (Soria, 1961) Enrique Andrés, otro creador polifacético: poeta, crítico de arte, ensayista, antólogo, algunas de cuyas novelas (Los montes antiguos, 2021; Las señoritas, 2024) hemos tenido el placer de reseñar en este periódico. Con la misma prosa deslumbrante ha compuesto este excelente libro, un tubo de espejos o prisma giratorio, donde van alternándose imágenes biográficas, sin aspiración de exhaustividad, con enjundiosos apuntes sobre la época, los lugares y las personalidades más o menos conocidas por Ángel del Río en su quizá no muy larga, pero sí ajetreada existencia.
Alumno de Antonio Machado en la curva de ballesta que traza el Duero, donde también enseñase Gerardo Diego, allí entabló amistad indeleble con otro poeta recóndito, casi omnipresente por estas páginas, Bernabé Herrero. Universitario de la Complutense, Del Río conoce a García Lorca a través del Ateneo madrileño (1919), justo cuando la capital hierve (tertulias Regina y Pombo; Institución Libre de Enseñanza; Residencia de Estudiantes; Junta para la Ampliación de Estudios; Fundación del Partido Comunista de España por Juan Andrade; colonia de Hispanoamericanos). Enrique Andrés recrea aquel mundo cultural, política y estéticamente revolucionario, merced a magníficos retratos de los personajes y acontecimientos más relevantes.
Tras doctorarse en Estrasburgo, Ángel del Río decide marchar como profesor (1924) al “Caribe rojo”, cuyos líderes frecuenta no sin eludir el “sarampión comunista”, del que irá curándose. Primero México, aún convulso por los oleajes revolucionarios y las voces estentóreas de Valle Inclán o León Felipe. Puerto Rico después (desposa a Amalia Agostini), para recalar y afincarse, Federico de Onís mediante, en Nueva York: la Universidad de Columbia va a ser su territorio, aunque no dejaría de viajar por todos los países hispanoamericanos docendi ratione. Nunca pierde la motivación estética que le impulsa desde la juventud: alcanzar la depuración vanguardista de las raíces tradicionales.
Son decenas los creadores, más o menos partícipes de ese ethos, con quienes se relacionará y encontraremos en estas páginas (sin olvidar los líderes de los movimientos políticos clandestinos de cada momento o los artistas geniales). Algunos reciben casi tanta atención como el mismo actor principal. A los ya mencionados deben sumarse los nombres de los escritores Juan Ramón Jiménez, Pedro Salinas, Guillén, Dámaso Alonso, Juan Larrea, Américo Castro, Tomás Navarro Tomás, R. Gómez de la Serna, Huidobro, Neruda, Dos Passos … y toda una pléyade variada de artistas (Frida Kahlo, la Argentinita, Marlene Dietrich, Marilyn Monroe y un largo etcétera). Si hay que elegir, me quedo con el relato de los encuentros entre E. Hemingway y el pintor Luis Quintanilla, genialmente evocados. En la cubierta, se ve a Ángel del Río junto a García Lorca, foto tomada el verano de 1929 que el granadino pasó en las Catskill Mountains newyorquinas con la familia del primero. No olvidaré los pasajes de sustancia política que sostienen Fernando de los Ríos y Julián Gorkín.
Enrique Andrés, que declara haberse mantenido en comunicación permanente con su amigo Santi, hombre de enorme intuición literaria, manifiesta así el método seguido a la hora de escribir esta “novela coral” (pág. 310). “Lo que he leído hubo quien lo vivió. Después, todo va rodando, mezclado, hasta ese momento en el que, sobre mi mesa, se juntan las cosas vividas con las leídas, las oídas y las inventadas (…) Las cosas vistas a través de un caleidoscopio en el que se combinan los cristales de lo que fue y no fue, lo que pudo ser, con sus brillantes colores en variaciones que nunca de agotan y nunca se repiten” (pág. 292). Sin duda, otro acierto de la editorial extremeña.
– Andrés Ruiz, Enrique, Míster Ángel del Río. Novela de los nombres. Cáceres, Periférica, 2026.