Pertenece J.J. Martínez Bueno (n. 1973) a esa honorable tradición de humanistas segedanos de los que tan orgullosa se siente su ciudad natal. A comienzos del s. XX, el presbítero Manuel Vivas Tabero daba cuentas de la misma en el muy citado libro
Glorias de Zafra o recuerdos de mi patria (Madrid, Sucesores de Rivadeneira, 1901). Nombres como los del gramático Ruy López, gran teórico y campeón europeo de ajedrez; Pedro de Valencia, el mayor ensayista de nuestro siglo de oro; la saga de los Ramírez de Prado o V. García de la Huerta, el dramaturgo de su época más representado, vieron sus primeras luces en la hermosa población asentada al pie de la Sierra de Castellar, regida por los poderosos conde-duques de Feria, los grandes aristócratas de la Baja Extremadura. Nuevas personalidades enriquecerían después la nómina zafrense (dígase, v.c, Luis Oteyza), ejemplo que en región sólo sufre comparación con su antípoda, la Plasencia de los Zúñiga y seguidores.
Durante las décadas últimas, han ido publicando obras de reconocido valor autores nacidos junto a la Plaza Chica, que trascenderían con mucho los límites comarcales, como las hermanas Dulce e Inmaculada Chacón, Antonio Zoido, Croche de Acuña, Juan García Gutiérrez, Benito Estrella, Luciano Feria, Miguel Ángel y José María Lama, F. Muñoz Méndez, F. Najarro Lanchazo, J. Manuel Díez y probablemente alguno más que ahora se me escapan.
A esa rica pléyade de paisanos letraheridos se incorporó desde bien joven Martínez Bueno, que a menudo ha presentado sus creaciones bajo el pseudónimo de Roberto Farona. Licenciado en Filología Hispánica y profesor de Literatura, ha venido desarrollando una abundante y polifacética obra como crítico, articulista, poeta verbal y visual, editor, gestor cultural y narrador.
A este último género pertenecen sus dos entregas últimas, ambas con respectivos prólogos de Emilia Oliva. La primera, El sol sale para todo, es la reedición de la que se publicara hace cuatro lustros (con título de telenovela venezolana). Comprende 48 microrrelatos, familiares de los 70 que, mucho más intensos, concisos e intencionados conforman El sol también sale mañana.
Buena parte de estos últimos se aproximan a lo que tradicionalmente ha venido conociéndose como aforismos, aunque otros, de mayor amplitud, puedan denominarse relatos cortos. Hay entre ellos auténticos poemas en prosa y en todos luce la voluntad de estilo que distingue al escritor empeñado con Verlaine en la búsqueda de “la musique avant toute chose…”. Música, ritmo, armonía a través de las palabras, como lo que también Farona declara percibir en las manifestaciones puras de la Naturaleza misma.
En estos minitextos, numerados, encontrarán los lectores apuntes de alcance estético, político, antropológico o filosófico; críticas contra el mercantilismo absorbente; consideraciones sobre la relación profunda que las artes todas guardan entre sí; retratos raudos de algún paisaje o momento singular, así como sugerencias en torno pintores (Goya), novelistas (Julio Verne, Miguel Torga), músicos (G. Alonso Iriarte), personajes legendarios (pistoleros del Oeste) o fantásticos (Epidemia, un peligroso gunman) y poetas (Gertrude Stein) que por algún motivo atrajeron el interés de un estudioso tan voraz.
A este hombre de talante moderado, silencioso, dígase Roberto Farona o José Juan Martínez, enemigo de voces airadas (las suyas brotan siempre de manantial sereno, aunque a veces se le puedan adivinar gotas de sangre jacobina) hay que concederle un lugar notable en las letras extremeñas.
José Juan Martínez Bueso, El sol también sale mañana. Albacete, UNO Editorial, 2025. Con ilustraciones de Sebastián García Martín.