El 19-9-26 Rafael Moneo Vallés (Tudela, 1937) ingresaba como académico de honor en la R. Academia de Extremadura de las Letras y las Artes. El salón de actos del hermoso Palacio de Lorenzana, en las alturas de Trujillo, sede de la entidad, tuvo todos sus asientos ocupados. Entre los asistentes más distinguidos, María Guardiola, presidenta de la Junta de Extremadura; Inés Rubio, la alcaldesa; María Félix Tena, presidenta del Tribunal Superior de Justicia de Extremadura e Íñigo Méndez, exministro de Educación, Cultura y Deporte (con casa hoy en Trujillo).
El célebre arquitecto pronunció el discurso protocolario que decidió titular “Disquisiciones en torno a la catedral de Plasencia. Abierto elogio de su arquitectura”, y ahora se publica, según costumbre de RAEX. Ya casi nonagenario, con voz un punto dubitativa (lógicamente, no se percibe en el texto), pero ingenioso e incluso humorístico, acompañándose sabiamente de un aparato digital que él mismo había compuesto, el recipiendario nos ilustró en torno a las originales características del templo placentino, admirable construcción gótico-tardía del siglo XVI, sobre el románico original, según la calificaría. Merced al aparataje gráfico, que también el discurso expreso reproduce, Moneo mostraba la sapiencia de los arquitectos renacentistas (Juan de Alba, Enrique Egas, Francisco de Colonia, Alonso de Covarrubias, Diego de Siloé y Rodrigo Gil de Hontañón) para salvar la “catedral vieja” románica dentro de la nueva, pese a las muchas limitaciones (técnicas, económicas e incluso ideológicas) con que se toparon. “La catedral de Plasencia es un asombroso edificio en el que queda reflejada la vida de toda una ciudad, importando esta tanto o más que la mera autoría de una obra que hoy parece que sea la única preocupación de un crítico de la arquitectura del siglo XVI. Pensar que en ella se dan cita la Catedral Vieja, las murallas, el claustro, su sala capitular, la Catedral Nueva y su misteriosa y siempre resbaladiza historia; la sillería del maestro Rodrigo Alemán, el proyecto que hubiera llevado a cabo a que una catedral completa y nueva hubiera permitido competir con la catedral de Segovia”, sostuvo Moneo.
María del Mar Lozano Bartolozzi, catedrática de Arte de la UEX y actual directora de la RAEX, asumió con tino responder a la alocución del nuevo académico, glosándolo elegantemente, según podrán comprobar ahora los lectores.
Tras la oportuna “laudatio” de quien, como ella, viese la primera luz en Navarra, expuso los motivos que justifican por qué Moneo tiene a Extremadura de algún modo como su “tierra de adopción”, tantas obras aquí ha ido creando: la Casa de Cultura de Don Benito (1991-1997), el refectorio de la Hospedería del Monasterio de Guadalupe (1991-1994), el edificio de la Confederación del Guadiana en Mérida (1991-2007) y, claro está, el Museo Nacional de Arte Romano de Mérida (1980-1986), con su ampliación (2011-2025) como espacio expositivo y salón de actos. Terminó manifestándole la gratitud de la Academia por haber aceptado ingresar en la misma: “Doctor, Moneo Vallés, su pertenencia seguro que va a suponer la llegada de una nueva savia fluidificadora para la corriente humana e intelectual de la Real Academia de Extremadura de las Artes”, concluyó la Directora.
Siempre admiré las consideraciones teóricas de los grandes experto sobre asuntos prácticos de su pertinencia. Es el caso de la obra que reseñamos, con doble autoría de tan cualificadas personalidades.
Rafael Moneo Vallés, Disquisiciones en torno a la catedral de Plasencia. Abierto entorno de su arquitectura. Contestación de María del Mar Lozano Bartolozzi. Trujillo, R. Academia de Extremadura, 2026.