AFICIÓN DE LOS POETAS EXTREMEÑOS A LOS TOROS
Antonio María Flórez forma parte de esa pléyade de “médicos humanistas” que con tanta riqueza ha florecido en Extremadura desde los orígenes de la Modernidad (Luis de Toro, Francisco de Arce, Sorapán de Rieros, Felipe Trigo), hasta los tiempos actuales (Remigio Vela, Cristóbal Pera, I. Morgado; Agustín Muñoz, Guerrero Cabanillas, José Enrique Campillo, Blas Curado, Vaz Leal y un amplio etc., galenos con notables creaciones literarias).
Por sus orígenes (n. Don Benito), residencia y trabajo, el autor tiene el corazón dividido entre Colombia y España. Bien lo reflejan sus numerosos libros (poemarios, narraciones, ensayos e investigaciones). Esta antología, publicada con ayuda a la edición por parte de la Consejería de Cultura de Extremadura, está dedicada al propio padre y determinados amigos que, según declara, le inculcaron la afición por los toros. El interés de Flórez hacia ese mundo resulta bien explícito en las obras que ha ido dedicándole, como recoge en el blog su buen amigo Simón Viola: El arte de torear (2001), Premio del Instituto Caldense de Cultura; Tauromaquia (antología trema) (2011), Sabe que su mirada (2014), Crónica en escena (2015) y Mera sombra (2021). Ha participado también en volúmenes antológicos como la Adenda de El siglo de Oro de la Poesía Taurina (2018) y Juan Belmonte el pasmo de Triana (2012).
El presente volumen (250 páginas), enriquecido con abundantes notas explicativas (128) y hermosas ilustraciones (carteles de corridas, fotografías de lances, morlacos y lidiadores, escenas de plaza, pinturas y esculturas taurinas de diferentes épocas), abre con un extenso estudio preliminar. Tras las reflexiones de carácter etnográfico sobre los rasgos poéticos y mitológicos que concurren en las corridas, se ofrecen apuntes sen torno a la Extremadura taurina, región taurófila por excelencia, se dice: “Los toros forman parte de su historia y tradición expresada en vestigios monumentales, pictográficos y grabados, así como algunos tipos de festejos populares” (p. 21). El antólogo alude con brevedad a las más famosas de tales manifestaciones, desde algunos mosaicos tartésicos a las festividades aún vivas de Coria (San Juan), Cáceres (toro del aguardiente), coplas y romances populares (compilados por Isabel Gallardo, Rodríguez-Moñino, Joaquín Montaner…).
Los conquistadores extremeños, según se estudia a continuación, extenderían por Hispanoamérica el apego a las fiestas taurinas, de las que se ofrecen las noticias más destacadas. Concluye esta parte preliminar con un rico apéndice bibliográfico.
La parte nuclear de la obra la constituyen los poemas seleccionados de los escritores extremeños, cuya biobibliografía se adjunta, que han dado cabida en sus versos al tema taurino, según hicieran también, anota el autor, tantos de nuestros artistas plásticos (Juan Barjola, E. Naranjo, Cañamero, Arrroyo), fotógrafos (José Maria Ballester), cantantes (Miguel Tena) y dramaturgos (M. Murillo).
Se reproducen poemas de escritores badajocenses (25) y cacereños (14), pertenecientes a los siglos últimos. Figuran aquí muchos de los nombres más destacados de nuestra lírica: Carolina Coronado, Romero de Mendoza, José Mª Valverde, A. Zoido, J. Delgado Valhondo, Manuel Pacheco, L.A. Lencero, Rafael R. F. Morillón, Bernardo V. Carande, Félix Grande, Pablo Jiménez, José A. Zambrano, Pablo Guerrero, Santiago Castelo, Santos Domínguez, Ramírez Lozano, A. Campos Pámpano, Basilio Rodríguez, María José Fernández, Ada Salas y, claro está, el mismo antólogo.
Mientras escribíamos estas notas, como confirmación de las tesis sostenidas por A.M. Flórez, nos llega el ensayo de otro extremeño, Álvaro Sánchez-Ocaña Vara, Filosofía de los toros: el ritual de lo sublime (Córdoba, Almuzara, 2026), cuya sinopsis editorial proclama: “Más allá de la polémica, del tópico y del grito fácil, la tauromaquia encierra una de las preguntas más incómodas y profundas de nuestra cultura: ¿puede el hombre convertir el miedo, la violencia y la muerte en una forma de belleza? En Filosofía de los toros, Álvaro Sánchez-Ocaña Vara se adentra en el toreo como quien entra en un territorio sagrado: con respeto, inteligencia y voluntad de comprender”.
No se nos olvida que entre taurófilos y taurófobos existe una fuerte polémica, en multitud de ocasiones sesgada por prejuicios ideológicos ajenos al meollo de la cuestión. No obstante, nadie puede discutir la atracción que sobre muchos, de tan diferentes concepciones, ha ejercido siempre la “fiesta nacional”, ni la belleza de las composiciones, en este caso literarias, que le han dedicado.
Antonio María Flórez, Los colosos. Antología de poesía taurina y de toros de Extremadura. Don Benito, Imp. Tejo, 2026