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Manuel Pecellín

Libre con Libros

La revolución de los claveles

Manuel Moya, que gusta presentarse como profesor de técnicas narrativas, narrador, traductor y articulista, es también poeta reconocido, con presencias en antologías publicadas en España, Francia, Estados Unidos, México y Portugal. Ese culto a la belleza del lenguaje, la voluntad de estilo, el uso metafórico de las palabras, la búsqueda de imágenes expresivas que se presuponen a todo creador de poemas, son también perceptibles en este extenso relato (498 páginas), cuyo título, Las cenizas de abril, hacen referencia a la “Revolución de los claveles” (1974), finalmente no consumada. Por lo demás, el autor, onubense de nacimiento, ha declarado en repetidas ocasiones su interés por país vecino, como habitante próximo a la “Raya”.

En torno a los acontecimientos ocurridos en Portugal aquel inolvidable 25 de abril se nuclea la obra, que obtuvo el XII Premio Fernando Quiñones 2010. No se trata sin embargo de una novela histórica, aunque se conduzca por determinados contextos (actividades de los grupos antisistema; lucha de los guerrilleros anticolonialistas; inesperada sublevación de los capitanes; euforias y declive del periodo constituyente postinsurrecional). Lo que prima en esta apasionante narración no son las ineludibles alusiones al acontecer real, sino el juego de unos personas imaginados, envueltos de forma bien distinta en las peripecias revolucionarias. Claro que todos ellos, perfectamente verosímiles, se constituyes en otras tantas representaciones de los grupos sociales comprometidos en aquel la sorprendente convulsión sociopolítica.

Lo más valioso de la novela es seguir cómo se desenvuelve y reacciona cada ante situaciones con las que unos habían soñado, a favor de las cuales trabajaban en la clandestinidad; el modo en que procuran detenerlas los comprometidos con el régimen salazar-caetanista; la forma en que van implicándose o no) quienes no estaban al tanto de las agitaciones y la metamorfosis que todos experimentarán según vayan desarrollándose las etapas de una convulsión repleta de luces y sombras .

Por eso es sobre todo una novela de personajes, cuyos protagonistas son: un obrero que, destinado a hacer la mili en las colonias africanas, opta por desertar y afincarse en París; el policía de la PIDE, cruel y cínico, aunque con inesperado toques de ternura; el líder estudiantil, a las postre también convertido en cenizas, como su novia, Sophia, amiga del primero, la universitaria que va paulatinamente concienciándose y comprometiéndose , bien que esté signada por una contradicción familiar insufrible (su propio padre fue uno de los máximos dirigentes de las fuerzas represivas coloniales). La maleta que dejó al suicidarse se constituye en el recurso narrativo clave de en esta obra de amores, odios , soledades y otras frustraciones.

Aunque secundarias, figuras como las de anarquista húngaro, expertísimo falsificador de documentos; la del camarero parisino cómplice de los emigrantes o la del anciano negro capaz de resistir a los represores, añaden un plus de interés. No faltarán leves apariciones de apariciones de hombres famosos, como Lezama Lima u Otelo Saraiva. Lisboa, Luanda y París son los escenarios por donde se conduce la narración, que rompe una y otra vez las secuencias espaciotemporales mediante saltos retrospectivos hasta urdir una trama de notable complejidad. Ocasionalmente, encontraremos la ciudad de Badajoz, donde hallan el primer refugio los desertores (p. 74); se hacen visitas médicas p. (120); se organizan excursiones (p. 342) o residen personas de izquierdas relacionadas con los revolucionarios lusos (p. 357). Desde luego, hay quien sigue demandando una “Olivenza portuguesa” (p. 252) y no se olvida la muerte alevosa de Humberto Delgado en las proximidades de la ciudad (p. 257).

EL LIBRO

Título: Las cenizas de abril

Autor: Manuel Moya

Editorial: Alianza, 2011. Madrid

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