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Manuel Pecellín

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                                    NO HAY ESTÉTICA SIN ÉTICA

 

NO HAY ESTÉTICA SIN ÉTICA

 

La consideración sobre las relaciones entre ética (moral) y estética (belleza) vienen de lejos en nuestra cultura y constituyen asunto de enorme relevancia. El casi siempre ineludible Horacio lo establecería en hermosos hexámetros:

Omne tulit punctum qui mixit utile dulci
lectorem delectando pariterque monendo.   

Acertó plenamente quien mezcló lo útil a lo dulce

Deleitando y a la vez advirtiendo al lector (Epistola ad Pîsones, s. I a. Cristo).  

 Nietzsche, desde sus muy peculiares concepciones, lo sostuvo con la fórmula “No hay Estética sin Ética”, que José María Valverde (Valencia de Alcántara, 1926-Barcelona, 1996) hizo célebre cuando en plena dictadura franquista renunció a su cátedra de Estética por solidaridad con García Calvo, Aranguren y Tierno Galván, colegas represaliados (1965). Nulla esthetica sine ethica, adujo el extremeño, adjuntando definitivo estrambote: ergo…, apaga y vámonos. Y hacia el exilio partiría el de San Valencia deAlcántara, manteniéndose allí (Canadá) hasta la muerte de Franco.

Con similar consigna ha querido subtitular Antonio Tena (Badajoz, 1977) el ensayo que le mereció el Premio Sagasta en su tercera convocatoria. Este galardón estará vinculado a la Fundación Práxedes Mateo Sagasta, reconocida por su destacada labor en la difusión de la vida y obra del célebre político liberal e ingeniero riojano (1825-1903), que protagonizasejunto con Cánovas el régimen de la Restauración. Su objetivo es “impulsar y dar a conocer ensayos originales e inéditos que supongan una aportación relevante al desarrollo socioeconómico e intelectual de este país, en el ámbito europeo y en los campos del pensamiento, la socioeconomía, el servicio público, las humanidades y las ciencias sociales”.

Según los teóricos del género –ninguno más lúcido que Ortega -, las obras pertenecientes al mismo deben armonizar con brillantez pensamiento y literatura. Lo consigue en Caminos de la vida. De la estética a la ética del ingeniero el autor pacense. Ornado con dicha calificación, en la curiosa rama de “Caminos, canales y puertos”, Tena (promoción de 2001), recalado en el sector de las finanzas, no se dedica ahora a la construcción de puentes, pantanos, carreteras u obras similares. Pero sigue considerándose orgullosamente – así lo da a entender – como miembro de tan cualificado colectivo.

Sobre lo que cabe exigírseles a sus colegas ha querido ensayar el de Badajoz, haciéndolo con el toque literario oportuno. De sus virtudes para la escritura creativa dio ha poco signos con Nemesio o el caos (Bohodón Ediciones), ingeniosa novela que tuve el honor de reseñar para los lectores de “Trazos” (3 julio 2023). La califiqué entonces como divertida, irónica, crítica y desenfadada, con una prosa ágil que recoge donosamente el lenguaje de la calle, plena de aciertos en el retrato de los caracteres, capaz de exigir atención hacia un autor que sin duda nos ha de hacer disfrutar  entregas próximas. Son cualidades que adornan también el estilo de este ensayo, aunque lógicamente primen aquí las consideraciones conceptuales.

Podríamos agruparlas en tres núcleos: las implicaciones que comporta el oficio ingenieril; las figuras históricas que mejor las han encarnado y el futuro previsible del mundo de la construcción ante el desarrollo de la inteligencia artificial y quienes hoy parecen controlarlo (China).

Aparte la lógica capacitación técnica, el ensayista demanda al ingeniero que nunca descuide, ni siquiera en las obras de menor realce, el sentido de la belleza (lo pequeño puede ser hermoso). Ni que anteponga intereses espurios a las necesidades de servicio público (se analizan actuaciones históricas tan desastrosas como el hundimiento de la presa de Vajont, en los Alpes Dolomitas o la Tous levantina; el absurdo del rascacielos newyorquino de Citigroup y el colapso del puente de Tocoma, por no decir los inservibles ferrocarriles transiberianos del gulag).  Por lo demás, le vendrá muy bien que el ingeniero no renuncie al cultivo del lenguaje y muy concretamente del literario.

No escasean las figuras españolas que, a entender del autor, han encarnado perfectamente esos ideales, desde el ilustrado Agustín de Betancourt, fundador de la Escuela de Caminos de Madrid, a Juan Benet, capaz de construir en las horas diurnas las presas del Sil y componer durante las frías noches Volverás a Región, un hito de las letras.

Que estamos ante el alumbramiento de un nuevo mundo, el binario, es hoy lugar común. Aunque la nostalgia del pasado resulte permisible, sería peligroso dormirse en laureles obsoletos. También en la ingeniería se imponen los ordenadores cuánticos. Y no se olvide que “el mapa mundial de la construcción está ya dominado por los colosos chinos: ocho de las mayores constructoras mundiales por cifra de facturación son chinas” (pág.156). ¡Ingenieros, alerta!

 

Antonio Tena, Caminos de vida. De la estética a la ética del ingeniero. Madrid, Colegio de Ingenieros de Caminos, Canales y Puertos, 2025.

 

 

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