El equipo formado por los historiadores José María López de Zuazo, Dionisio A. Martín Nieto y Bartolomé Miranda Díaz , que tan eficaz viene mostrándose, obtuvo el XV Premio de Investigación Bibliográfica “Bartolomé José Gallardo” (2012), convocado por la UBEx y el ayuntamiento de Campanario con la obra La librería del convento de San Benito de la Orden de Alcántara. Librerías. Lectores y libros de un tesoro bibliográfico descompuesto. Se publica ahora en un volumen de 780 páginas, que nos permite conocer los libros acumulados en aquel cenobio extremeño de filiación cisterciense.
Casa matriz de la poderosa orden militar que lleva su nombre, resulta lógico que allegase una rica colección de manuscritos, incunables y obras impresas a partir del siglo XV hasta su disolución en el XIX. Eran materiales imprescindibles para la formación y divertimento de comunidad, los alumnos que allí estudiaban y sus profesores, sin omitir el colegio que los freyres mantenían en Salamanca e incluso el servicio a las poblaciones circundantes.
Los informes que al respecto irían redactando los Visitadores al realizar la oportuna inspección (inventarios de 1546, 1719 y 1743), así lo recogerían, a lo que se añaden noticias procedentes de mandas y testamentos.
Contra cuanto se ha podido decir sobre la destrucción de esos fondos culturales a manos de los franceses durante la Guerra de la Independencia , los autores la atribuyen a las medidas desamortizadoras de 1835. Con todo, buena parte de aquellos perviven en dos bibliotecas: la pública de Cáceres y otra de esta ciudad, de carácter privado (los dueños prefieren permanecer anónimos). Pasan de 600 las obras conservadas, de las casi 2.000 que debieron constituir la biblioteca alcantarina, según se deducen de sus inventarios, aquí recogidos. (Falta identificar el conjunto de títulos).
Antes de reproducir las partidas asentadas – parte sustancial del trabajo-, los autores explican los programas educativos de la poderosa Orden, entroncados en los planes de formación intelectual de los monjes del Císter, dentro de lo que fue el sistema educacional en la Castilla del XVI. Así mismo, ofrecen sabrosos apuntes sobre la librería alcantarina y su devenir histórico como lugar físico, dentro de la espléndida arquitectura de San Benito. Por último, incluyen un extenso capítulo sobre las bibliotecas particulares , más o menos ricas (casi siempre terminaban en la Casa) de algunos Comendadores, procuradores, capellanes, prelados, inquisidores y otros religiosos vinculados a la Orden: Pedro de la Cueva, Luis de Villasayas, Claudio de Silly, Antonio de Xerez, Luis Bocanegra, Diego de Ovando, Miguel de Siles, Gregorio de la Serna o Pedro Ordóñez Flores.
Cada vez son más numerosas las investigaciones sobre los depósitos bibliográficos labor fundamental para establecer el desarrollo de las mentalidades y que también depara otros importantes datos. Entre los libros localizados, los hay muy importantes para la historia de Extremadura, no todas bien conocidas. Entre las que han desaparecido, podemos recordar no pocas de Petrarca, Boccaccio, Nicolás de Cusa, Lorenzo Valla y prácticamente todas las de Erasmo, anotadas por los visitadores de modo singular (no eran sus apuntes fichas rigurosas), señal evidente de que poetas , filósofos y humanistas del Renacimiento fueron leídos bien pronto por estos lares. En la “corte literaria de Zalamea” , tan dependiente de la Orden, figuraron el astrólogo judío Abraham ben Samuel Zacuto, de quien los frailes tenían el Almanaque perpetuo, y Antonio de Nebrija, cuyos escritos todos también estuvieron en las estanterías de Alcántara.
López de Zuazo y Algar, José María y otros, La librería del convento de San Benito. Mérida, ERE, 2013