Un ensayo sobre las tareas pedagógicas será siempre bienvenido, más aún si lo escribe alguien que dedicó toda su vida a la labor de la enseñanza. Si, además, lo adornan también la pasión por el lenguaje, típico de los poetas, miel sobre hojuelas.
Tal es el caso de Benito Estrella (n. Higuera de la Serena, 1946) quien aún continúa activo como profesor del Programa de Mayores de la UEX.
Maestro, doctor en Pedagogía, fue cofundador y presidente de la innovadora Escuela de Verano de Extremadura ; Jefe de la Unidad de Programas Educativos de Badajoz y ha ejercido la docencia en diferentes escuelas e institutos de la Región. Suyos son los poemarios La soledad y el silencio, Libro de la memoria y el olvido, El lugar que cura e Izama, el Pájaro; la novela de carácter autobiográfico Valdargar y el ensayo Un extraño en mi escuela. Reflexiones sobre la crisis de la enseñanza en la sociedad de la información.
Vuelve a plantearse ahora el papel que pueden desempeñar las nuevas tecnologías en el aula, mostrándose muy desconfiado sobre el uso acrítico y hasta bobalicón de las mismas, por desgracia tan frecuente. Creer en que ordenadores, tabletas, pizarras y libros electrónicos van a conseguir sin más la mejora del rendimiento académico es una ingenuidad (muchas veces interesadamente aireada por los políticos de turno). El autor no se opone por principio a la utilización de las mismas para facilitar el trabajo de los alumnos. Juzga sencillamente (y podría haberse apoyado en las pésimas calificaciones del Informe Pisa y otros similares por lo que a España, más concretamente a Extremadura, atañe) que se necesitan otras cosas más fundamentales si se quiere elevar la formación del alumnado. Por ejemplo, un buen profesorado , así como el cultivo de la escala de valores, frente al vacío axiológico hoy dominante en nuestra sociedad. Carlos Díaz y Antonio Rodríguez de las Heras, con quienes le une antigua amistad, proporcionan al autor las claves interpretativas, que él gusta presentar recurriendo a paradigmas literarios clásicos de distintas culturas, desde la grecolatina y judeocristiana a las asiáticas. El primero de dichos catedráticos es hombre fundamental en la Fundación Emmmanuel Mounier, donde el libro se publica y cuyo objeto es difundir las tesis del “Personalismo comunitario” planteadas por el filósofo francés que le da nombre y al menos en parte aquí evocadas. “Desde mi punto de vista, concluye Estrella, las TIC (Tecnologías Información y Comunicación), hasta el momento, han aportado bien poco a la educación. Yo diría que, en general, más bien han supuesto un estorbo y un factor de distorsión y escapismo, añadiendo más problemas a los que ya tiene por sí misma la tarea educativa de hoy” (pág. 71). Frente a tanto artilugio (caros y pronto obsolescentes), cabe añorar las antiguas pizarras (de piedra pulimentada, como en el neolítico), en torno a las cuales era tal vez más fácil el diálogo socrático, el fomento de la creatividad, la interacción profesor-alumnos, la economía de medios y otras virtudes imprescindibles”.
Benito Estrella Pavo, Loa a la vieja pizarra. Madrid, Fundación Emmanuel Mounier, 2014