CIUDAD MÁRTIR
Alentadas por la conmemoración del segundo centenario de Guerra de la Independencia y las Cortes de Cádiz, se produjo en Extremadura un auténtico aluvión de publicaciones. Cosa lógica, considerando que nuestra región fue teatro de terribles batallas y el protagonismo de los diputados extremeños en los debates sobre la Constitución de 1812. A aquel rico conjunto de obras viene a sumarse este volumen con casi quinientas páginas, que facilita el acceso a importantes fuentes
sobre el el asedio, captura y saqueo de Badajoz por parte del ejército angloportugués. A través de las mismas, todas inglesas, podrán pecibirse, entre tantos horrores bélicos, la valentía de asaltantes y defensores (franceses), así como los sufrimientos de la población encerrada en aquellos muros hasta entonces inexpugnables.
Gallardo Durán (Campanario, 1956) pertenece a ese admirable grupo de bibliógrafos naturales de La Serena, que además lleva el apellido del más distinguido, D. Bartolomé José, de todos los cultivadores de una ciencia tal vez ancilar, pero imprescindible para poner al alcance de los estudiosos los materiales de investigación. Es también autor de las siguientes publicaciones, todas enmarcadas en el mismo entorno espaciotemporal: La guerra de la Indepedencia: tropas británicas en La Serena y Vegas Altas en 1808, 1809 y 1812; Don Benito, verano de 1812. Testimonio del capitán de infantería J.Patterson del Regimiento nº 50 de la 2ª División, y Reflejo de la batalla de Medellín en el diario español de Lady Holland.
Catedático de Inglés en el IES de su pueblo, cuenta con una rica base documental, extraída fundamentalmente de publicaciones británicas del XIX. Para este libro, Gallardo selecciona lo que dice relación con lo ocurrido en la capital del Guadiana durante los días 12 de marzo al 15 de abril de 1812. A cada corpus de textos antologados, que se reproducen traducidos por él y con casi medio millar de notas explicativas, antepone enjundiosos preliminares.Tres son los bloques bibliográficos: los “despachos” del general Wellington, el diario del comandante Burgoyne y las memorias del capitán James MacCarthy, todos directamente implicados en los acontecimientos.
El jefe de las tropas aliadas contra las de Napoleón aparece como un estratega meticuloso, muy bien informado, despectivo hacia los soldados españoles y con enorme interés para que los suyos se hallen bien provistos de munición y alimentos, lamentándose una y otra vez de no contar con especialistas para el asalto de murallas. Posee una visión de la guerra por toda le Península; no duda al exigir los máximos sacrificios y se esfuerza por reparar las exacciones que sufre la población civil. Apenas alude a las barbaridades cometidas en el Badajoz recién conquistado, aunque sabe bien la canalla (expresidiarios, borrachos, ladrones) que abunda en sus ejércitos.
Burgoyne evoca en sus memorias, con lenguaje castrense, el desarrollo de la sangrienta batalla junto a los muros y torres del “castillo” pacense que, tras el fracasado asalto de 1811, lograron tomar por fin. Se trata de apuntes escritos en primera persona, seguramente al pie de los fosos. Lleva una concisa introducción de Ian Fletcher. Más literario resulta el de MacCarthy, que tan esforzado se mostró en la preligrosísima escalada y toma de la alcazaba. Reconoce también la valentía y capacidad de los cuadros de Philippon, así como la implacable rapiña que los vencedores hijos de la Gran Bretaña, ansiosos de botín, desencadenaron contra una población indefensa. Una ciudad mátir, Badajoz, cuya toma fue clave para el desarrollo de la guerra.
Parte notable del volumen lo ocupan los perfiles biográficos que el autor adjunta de los oficiales mencionados en el libro (cien páginas), así como el aparato bibliográfico (con páginas de internet incluidas) y un muy útil índice onomástico.
Gallardo Durán, José María, Abril 1812. Asedio y captura de Badajoz. Badajoz, Diputación, 2014