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Manuel Pecellín

Libre con Libros

CRÍMENES EN EL INSTITUTO

 

Hace días se produjo  el relevo en la dirección de  “Beturia”. José Iglesias Benítez (Villalba de los Barros), cuyo nombre ha sido  durante lustros indisociable de esta editorial, ha encontrado quien lo sustituya. El profesor-poeta entrega responsabilidades a un profesor-ensayista, Jacinto Gil Sierra (n. Cheles), que desde el primer día viene dando testimonio de profunda dedicación. Justo en esta fase de sustituciones, la firma madrileño-extremeña acaba de sacar una nueva obra, fruto también de otro docente con aficiones literarias. Aparece en la colección “Campos de Ortiga”, evidente guiño a Antonio Reyes Huertas, si bien entre el escritor de Campanario y Antonio Hernández Jiménez no existe similitud alguna. Más aún, seguramente el creador de La Sangre de la Raza , tan conservador  estética e ideológicamente, frunciría el entrecejo ante muchos pasajes de El profesor y la noche.
Nacido en Ceuta (1981), Antonio Hernández, novelista novel, pasó buena parte de su infancia por pueblos de Extremadura. Licenciado en Historia,  enseña en un Instituto de Madrid. Como lo hace el  joven protagonista de la obra, si bien éste se dedica a enseñar Matemáticas a los poco sumisos alumnos de un IES manchego. Lo hace sin gran entusiasmo, aunque procura cumplir decentemente. En torno a él se conducen, cada cual a su modo, otros protagonistas secundarios: compañeros, bedeles, camareras, policías de la población. Todos se verán enredados en los inexplicables crímenes nocturnos que se  comienzan a producir tras  la llegada del joven matemático para iniciar un curso repleto de vicisitudes.
A los entresijos del thriller, que se resolverá de modo imprevisible, se añaden dos tipos de consideraciones: las escasas atracciones ofrecidas a la juventud en un ambiente rural y, sobre todo, los apuntes en torno a la situación de la enseñanza secundaria, sometida a una dinámica preceptiva en la que cada ley u ordenamiento jurídico parece empeorar los anteriores. El claustro del Instituto, convertido en epicentro de  asesinatos desconcertantes, aparece mayoritariamente receloso de tantas disposiciones  gratuitas para la atención a la diversidad, el uso abusivo  e ingenuo de las nuevas tecnología en las aulas, las presiones de la Inspección, la lenidad de los métodos educativos, el cansancio de los profesores y la  falta de interés de los alumnos.
Personalidad contradictoria, con más heridas de las perceptibles a primera vista, nuestro hombre se compromete en las actividades pedagógicas, incluso extraescolares-  Funda  hasta un cineclub, aunque de no mucha aceptación. Fácil para el alcohol y el sexo libre, conoce  a un asesino a sueldo, personaje idóneo para complicar la urdimbre de la trama , pero no de muy convincente factura novelística. Al fin, dada la inutilidad de la policía, entre ambos se resolverán las muertes que durante todo un curso han turban la aburrida localidad.
Escrita con continuadas rupturas del decurso narrativo, con una prosa ágil y permanente recurso a la música de actualidad, así como de abundantes juegos gráficos, El profesor y la noche es una novela negra de original factura e indudable atractivo.
Hernández Jiménez, Antonio, El profesor y la noche. Madrid, Beturia, 2015

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