EL CARRUSEL DE LA VIDA
Según augurábamos al reseñar Tres hombres para tres ciudades, la obra primera del autor, publicada en la misma editorial, éste nos proporcionaría pronto la segunda. Así ha sido, aunque con tiempo suficiente para adquirir un indudable mayor dominio de las labores literarias, lo que redunda perceptiblemente en beneficio de la nueva novela, escrita según los mismos parámetros. El personaje principal sigue siendo Helio, profesor de literatura (ahora casi cuarentón) y analista psicosocial, según gusta presentarse, enamorado de la noche, el alcohol, la música y dos mujeres, María y Alicia, ambas de libres costumbres. Secundariamente, se aludirá también a otros ya conocidos, como el hindú Punnat Gullatti o el ingenioso Nicolás de Vinarés, superado en Valientes idiotas por Matusalén Santander, otro “puto loco” senior, iconoclasta con hondas heridas (muerte de un hijo pequeño), maestro del novelista en gramática parda, filosofía de la calle y degustación de alcoholes.
Esta crónica de la tragicomedia humana se desarrolla en Madrid, aunque el protagonista –trasunto en aspectos múltiples del autor- también se conduce algún tiempo con la misma facilidad por Londres, antes de volver definitivamente a las riberas del Manzanares, donde concluye el relato de forma parecida a los inicios. Helio es un espectador, tan irónico como participativo, de cuanto ocurre por los barrios madrileños (Malasaña, Chueca, Fuencarral, Salamanca), donde las fórmulas de la “movida” se renuevan constantemente. Demuestra conocerlas bien Javier Divisa, seudónimo de Javier Guerrero Rodríguez, nacido en Extremadura, buen conocedor de distintos países (Francia Inglaterra, India), con estudios de letras, quien ha trabajado en oficios múltiples, desde enseñante a camarero, y por ahora se dedica a la “business moda”. Ejerce como columnista de opinión en el periódico El Cotidiano; colabora habitualmente en varias revistas de Suramérica; ha escrito reseñas paraTarántula Cultura y mantiene un blog (janpath-broadway.blogspot.
De todo ese rico bagaje se nutre Valientes idiotas, cuyo título avisa ya sobre el carácter provocador del novelistas, molesto con tantos personajes como abundan en la España cañí, tal ese “cabrón que llega borracho a casa y le zurra a su mujer, un idiota que tira bengalas en el partido de fútbol o un cateto con dinero que esnifa cocaína y tiene una horrenda mesa con patas de elefante y un cuadro de Miró en el baño” (pág. 163). Helio, que tampoco olvida sus vivencias provincianas de los años infantiles, irá relatando en primera persona las vicisitudes experimentadas por las calles de Madrid (también de Londres, aunque esto más parece digresión), donde localiza mendigos, ladrones, camellos, actrices ajadas, chaperos, transformistas, engañabobos y toda una turba digna de nuestra mejor picaresca pasada por el crisol contemporáneo. La capital “es una amalgama increíble (donde) un viejo afectado del siglo XVIII, una ecuatoriana metida dentro de Betty Boop, una vidente y un gitano rumano conviven en veinte metros. Luego, claro, el abismo de la especie humana” (pág. 39). Toda una tragicomedia que los programas televisivos ignoran de modo sistemático, mientras atontan al público con banalidades sin cuento, por lo que también reciben aquí irónicas críticas. Aún quedan, no obstante, mujeres y hombres valientes, que buscan sobrevivir en la marea donde la crisis, la corrupción e ineptitud de los políticos, las propias contradicciones están a punto de rompernos.
A la actualidad del relato contribuye sustancialmente el discurso narrativo. El autor maneja con extraordinaria soltura esa jerga juvenil compuesta por términos de la moda más “in”, el mundo del cine (porno incluido), canciones de culto, bares de alterne, tabernas confusas, encuentros ocasionales e Internet. En ese entorno globalizado predominan, claro está, los galicismos, mucho de los cuales se escriben graciosamente deformados, según la fonética popular (tipo “alouin” por “halloween”). Es el aire fresco que aporta una novela de enorme interés.
Divisa, Javier, Valientes idiotas. Madrid, Ediciones Amargord, 2015.