MAD MEN
Dicen que la serie Mad Men, cuyas emisiones últimas se anunciaban hace días (para los episodios de la primera parte), ha cambiado el panorama de la televisión actual. Su impacto en críticos, guionistas, directores, artistas y público ha sido formidable pese a que, al menos en nuestro país, sólo pudo verse por cadenas de pago. Enmarcada en los Estados Unidos (Nueva York), durante los años sesenta de la centuria anterior, constituye un muy verídico testimonio gráfico de las luchas que hombres y, sobre todo, mujeres de gran personalidad desarrollaron por dar logro a sus objetivos profesionales y vitales.
“Más que un final, creo que Mad Mend es un clímax, la culminación de todo lo bueno que tiene esa forma de hacer televisión que da libertad total al creador cuando resulta que es alguien de un talento extraordinario”, declaraba en El País (10 mayo 2015) Isabel Vázquez.
La profesora extremeña (Badajoz, 1976) conoce bien el terreno. Ha sido guionista para FOX, Disney Channel, National Geographic, Canal Plus, TVE y Telecinco. Ha trabajado como analista de guiones de series para Fox International Channel y presentadora de televisión. Con muchos seguidores en la red (su blog: @kubelick), acaba de publicar el ensayo Me llamo Peggy Olson, que se lee con el gusto de una excelente novela. Centrándose en la que ella juzga la auténtica heroína entre los “Mad men”, las personas dedicadas al mundo de la publicidad, repasa con lucidez lo más relevante de la que ya se juzga serie de culto. La autora se maneja en una prosa extraordinariamente viva, refrescante, precisa y a la vez juvenil, impregnada de humor irónico y numerosos hallazgos léxicos. (Más ganaría sin el uso de expresiones tipo “es por eso que” y similares). Sus apuntes personales alternan con diálogos ficticios y la oportuna reproducción de otros entresacados de los ingeniosos guiones de los capítulos más relevantes.
El libro reconstruye las vicisitudes que afronta Peggy, una chica católica apenas practicante, más bien fea (con perdón), bondadosa, inteligente, animosa, perfeccionista y tenaz en la búsqueda constante de la excelencia, dedicada de forma exclusiva al trabajo, para ascender de simple oficinista a puestos de máximas responsabilidades, que por entonces parecían sólo disponibles para los varones, el excluyente club de la testosterona. Cuando lo logre, según suba en el escalafón, demostrará que puede ser tan productiva, dura e implacable como ellos.
Vázquez va presentando progresivamente los episodios de aquella aventura existencial, donde no faltan errores y caídas, en un libro que va exponiendo las relaciones de Peggy Olson con su trabajo (el mundo de los anuncios) , el sexo (con un embarazo “ignoto” para ella hasta el parto mismo: lo menos convincente), las amistades, el resto de las mujeres (sólo la despampanante Joan Holloway sabe comprenderla y ayudarla) y la figura de Donald Draper, el poderoso director creativo, su jefe. La dialéctica desarrollada entre ambos implacables caracteres constituye uno de los núcleos de la serie, con escenas definidas así : “Noventa segundos de boxeo y tres horas de análisis y aún no sabemos quién ganó” (pág. 153).
Cierra el libro el epílogo “La heroína de Madison Avenue” y un extenso apéndice que reproduce algunas de las frases más significativas pronunciadas por este magnífico personaje, que lo es no sólo por lo que representa, nos dice la escritora, sino también por la delicadeza y complicación con la que está tramada.
Isabel Vázquez, Me llamo Peggy Olson. Barcelona, Ediciones B, 2015
MAD MEN
Dicen que la serie Mad Men, cuyas emisiones últimas se anunciaban hace días (para los episodios de la primera parte), ha cambiado el panorama de la televisión actual. Su impacto en críticos, guionistas, directores, artistas y público ha sido formidable pese a que, al menos en nuestro país, sólo pudo verse por cadenas de pago. Enmarcada en los Estados Unidos (Nueva York), durante los años sesenta de la centuria anterior, constituye un muy verídico testimonio gráfico de las luchas que hombres y, sobre todo, mujeres de gran personalidad desarrollaron por dar logro a sus objetivos profesionales y vitales.
“Más que un final, creo que Mad Mend es un clímax, la culminación de todo lo bueno que tiene esa forma de hacer televisión que da libertad total al creador cuando resulta que es alguien de un talento extraordinario”, declaraba en El País (10 mayo 2015) Isabel Vázquez.
La profesora extremeña (Badajoz, 1976) conoce bien el terreno. Ha sido guionista para FOX, Disney Channel, National Geographic, Canal Plus, TVE y Telecinco. Ha trabajado como analista de guiones de series para Fox International Channel y presentadora de televisión. Con muchos seguidores en la red (su blog: @kubelick), acaba de publicar el ensayo Me llamo Peggy Olson, que se lee con el gusto de una excelente novela. Centrándose en la que ella juzga la auténtica heroína entre los “Mad men”, las personas dedicadas al mundo de la publicidad, repasa con lucidez lo más relevante de la que ya se juzga serie de culto. La autora se maneja en una prosa extraordinariamente viva, refrescante, precisa y a la vez juvenil, impregnada de humor irónico y numerosos hallazgos léxicos. (Más ganaría sin el uso de expresiones tipo “es por eso que” y similares). Sus apuntes personales alternan con diálogos ficticios y la oportuna reproducción de otros entresacados de los ingeniosos guiones de los capítulos más relevantes.
El libro reconstruye las vicisitudes que afronta Peggy, una chica católica apenas practicante, más bien fea (con perdón), bondadosa, inteligente, animosa, perfeccionista y tenaz en la búsqueda constante de la excelencia, dedicada de forma exclusiva al trabajo, para ascender de simple oficinista a puestos de máximas responsabilidades, que por entonces parecían sólo disponibles para los varones, el excluyente club de la testosterona. Cuando lo logre, según suba en el escalafón, demostrará que puede ser tan productiva, dura e implacable como ellos.
Vázquez va presentando progresivamente los episodios de aquella aventura existencial, donde no faltan errores y caídas, en un libro que va exponiendo las relaciones de Peggy Olson con su trabajo (el mundo de los anuncios) , el sexo (con un embarazo “ignoto” para ella hasta el parto mismo: lo menos convincente), las amistades, el resto de las mujeres (sólo la despampanante Joan Holloway sabe comprenderla y ayudarla) y la figura de Donald Draper, el poderoso director creativo, su jefe. La dialéctica desarrollada entre ambos implacables caracteres constituye uno de los núcleos de la serie, con escenas definidas así : “Noventa segundos de boxeo y tres horas de análisis y aún no sabemos quién ganó” (pág. 153).
Cierra el libro el epílogo “La heroína de Madison Avenue” y un extenso apéndice que reproduce algunas de las frases más significativas pronunciadas por este magnífico personaje, que lo es no sólo por lo que representa, nos dice la escritora, sino también por la delicadeza y complicación con la que está tramada.
Isabel Vázquez, Me llamo Peggy Olson. Barcelona, Ediciones B, 2015