Wenceslao Mohedas nació en Jaraicejo (1946), de donde nunca ha salido espiritualmente, aunque lleva largos lustros laborando en Cataluña. Él se considera un “extremelán”, neologismo (pág. 98) que resumen la doble instancia –por naturaleza y hogar- en él vigente. Este género de dualidades puede resultar incómodo, dejando al sujeto en una “tierra sin nadie” : si unos no terminan de acoger al foráneo, más aún cuando éste continúa remitiéndose una y otra vez a sus raíces, los amigos de infancia lo contemplan también como alguien ya extraño, con actitudes vitales alejadas de las tradicionales en el terruño de origen. Licenciado en Lenguas Románicas por la Universidad de Salamanca, estudios que perfeccionó después durante su estancia en Suiza, Mohedas ha trabajado hasta jubilarse como profesor en Barcelona, de cuyo Hogar Extremeño ha sido siempre miembro muy activo. Nunca ha dejado de ofrecer ayuda altruista a las actividades organizadas por todo el territorio catalán como homenaje o reivindicación de nuestra Comunidad .
Tuve el gusto de saludarlo durante la conferencia que di en el hermosísimo “Saló de Cent” del Ayuntamiento de Barcelona para celebrar el Día de Extremadura 2015. Manuel Guerrero, el animoso presidente de la Federación de Asociaciones Extremeñas en Cataluña, y su infatigable equipo recabaron mi presencia allí, cuando los tambores de la Diada se hacían sonar cada vez más fuertes. Y allí estaba Wenceslao Mohedas, junto a un largo centenar de paisanos, entre los que no faltaban otros escritores y docentes de la diáspora (Efi Cubero, Ángel Piñero Valadés, Francisco Murillo, Juan Moreno Aragoneses). Me entregó un ejemplar de su poemario último, Cosecha lírica, que he leído durante el trayecto de vuelta. La portada (un labrador tirando a mano la simiente sobre los surcos, con fondo de encinas) es de Casimiro Carrillo Tejela; dibujó las ilustraciones Pedro Castaño Gallardo y puso el extenso prólogo Juan Manuel Bermudo Ávila. Catedrático éste de Filosofía Política en la Universidad de Barcelona, me ha hecho evocar las figuras de otros ilustres extremeños que han servido a tan noble Institución, digamos José María Valverde, Andrés Sánchez Pascual, Cristóbal Pera, Luis García Iglesias o María José Vegas o Ignacio Morgado (Javier Cercas lo ha hecho en la de Gerona). La obra de Moheda se subtitula “sonetos, sonetillos y otros poemas”.
Como en las suyas anteriores (Despierta, Extremadura, de tu sueño, 1984, 1988 y 2001; Desde mi ausencia extrema y dura, 1991; Ramos de rimas, 1999), el autor opta abiertamente por la rima, el lenguaje sencillo y directo, los juegos de palabras (se multiplican los constructos paranomásicos y las aliteraciones), la sonoridad de los versos, la confesión autobiográfica, y cuanto ayude a la máxima aceptación de los lectores populares o a la recitación ante auditorios poco exigentes, que se identifican pronto con los mensajes proyectados por los poemas: exaltación de la tierra natal, nostalgia del “paraíso perdido” (aunque se sabe que no lo fue tanto), denuncia frente las incomprensiones, desconcierto frente a una juventud sin ganas de comprometerse, crítica a políticos carentes de ética e incluso de estética. No cabe sino rendir gratitud y respeto, más allá de posibles discrepancias líricas, ante quien supo mantenerse fiel, como espíritu romántico no exento de lúcidos análisis, al paisaje y paisanaje de su infancia.
Wenceslao Mohedas Ramos, Cosecha lírica. Barcelona, autoedición, 2013.