Hace pocas semanas, se anunciaba en HOY para dentro de pocos meses la apertura al público de la villa romana de “La Majona”. Descubierta el año 1995, próxima a Don Benito, posee una importancia indudable. Tras lustros de desidia, el yacimiento parece al fin en vías de plena recuperación merced a las últimas disposiciones del Gobierno autonómico. Además de pinturas murales y hermosos mosaicos, allí se encontró un bello busto labrado en mármol de Estremoz, que enriquece hoy los ricas existencias del Museo Arqueológico de Badajoz. Datado en el siglo III después de Cristo, podría ser la figura del dueño de la villa, sin duda un poderoso terrateniente, aunque los expertos le encuentran parecido con los retratos juveniles del emperador Marco Aurelio Severo Alejandro (222-235).
En el mundo romano se inspira esta novela corta del conocido escritor dombenitense (n. 1949), que viene cultivando varias disciplinas creativas, sobre todo el “libro objeto”, como Vberitas (1993), Amaltea (1994, Caligae (1995), Tierra de encinas (1996) , Sed de agua (1997) o Brisa de Alas (1998). Testimonio de su afición por la poesía visual- se le incluye en varias antologías del género- es el volumen Voces y ecos (2003), compendio de lo que hasta entonces había creado, siendo incluido en la antología Poesía experimental Española (Calambur, 2012). Lo demuestran también las ilustraciones, inspiradas en la cultura latina, que enriquecen estas Nundinae.
Era éste el nombre de la jornada de descanso que cada ocho días acostumbraba a celebrarse en las poblaciones del Imperio, con carácter festivo y comercial. Una suerte de “mercadillo” sobresalía entre sus actividades lúdicas. El autor nos conduce rumbo al que tiene lugar cualquier semana en Éfeso. Hasta allí ha llegado Marco Ulpio Vero, para visitar a un matrimonio patricio amigo, Cayo y Casiedra, a los que lleva dos magníficos potros, y coincidir con el séquito del emperador (Marco Ulpio) Adriano, en visita a la hermosa ciudad .
Nacido justamente en La Majona, el joven narrará en primera persona las vicisitudes del viaje, desde la Lusitania interior hasta las orillas del Egeo, con Cádiz, Roma y Atenas como etapas prominentes. A la vez, se permite la memoria de los años que estudiase en Emerita Augusta (donde obtuvo la toga virilis) o las excursiones por la cercana Metellinum (Medellín), sin olvidar los alegres días vividos en la villa propia. Si el padre procede de los soldados de la Legión X Gemina, para los que se fundó Mérida, la madre pertenecía a una tribu de los iberos más comprometidos en la lucha contra Roma: sus antepasados vivieron, centurias antes, en las proximidades de un enorme palacio-santuario (Cancho Roano, se supone).
El novelista compone así un relato pleno de evocaciones, siempre verosímiles y respetuosas con el rigor histórico, incluso en detalles mínimos. No menos atrae la pulcritud de su prosa, tan rica como concisa, con clara preferencia por el enunciado corto y el uso preciso de los términos, incluidas las frecuentes e inevitables expresiones en latín. Aunque resulte de interés para cualquiera, juzgo que la lectura de Nundinae posee singular valor didáctico, haciéndolo un libro especialmente apto para la enseñanza de las humanidades clásicas.
Juan Ricardo Montaña García, Nundinae. Don Benito, Ayuntamiento, 2015.